Huida de Innsmouth (1): El Inicio

La punta de la palanca se hincó en la juntura. La deformó. La penetró. La violó. Era un acto desesperado, frenético y torpe. Primerizo. Pero resultó efectivo y consiguió abrir la puerta de la caja fuerte.

Su oscuro interior observaba a la pareja que se asomó para contemplar sus tesoros. Las finas cejas rubias de él y las perfiladas cejas morenas de ella se fruncieron.

Apenas unos miserables dólares. Y un bulto cuadrangular envuelto en una tela de arpillera. Ni joyas, ni monedas de oro, ni objetos de arte… nada. Solo ese bulto. Él rubio, de ojos azules, lo cogió y lo desenvolvió.

– ¿Un… un libro? -preguntó ella, morena y de grandes ojos oscuros.- ¿¡Un puñetero libro!?

Él la agarró del antebrazo.

– ¡Me dijiste que había un tesoro! -le espetó nervioso. Ella apretó los labios.

– ¡Mi padre decía que había un tesoro! ¡Yo…! ¿Cómo iba a pensar que un maldito libro iba a…?

Alguien entró. La pareja le contempló horrorizada. Un ebrio grito de amenaza, el resplandor de una linterna y un arma que les apuntó. Él la cogió de la mano y la arrastró fuera de la sala. El libro cayó pesadamente al suelo.

Un disparo retumbó en la noche.

La pareja huyó por la salida trasera. Corrieron por un oscuro callejón con el corazón encogido y el miedo agarrado a sus pechos. Corrieron como Hansel y Gretel corrían por el bosque. El disparo había despertado al pueblo. Luces amarillas que iluminaban ventanucos. Gritos. Voces. Croares y cosas peores.

– ¡Al coche! -gritó él. – ¡Tenemos que llegar al coche!

Lo han aparcado al fondo del callejón. A solo unos pocos metros. Ya estaban casi encima.

Y el cegador resplandor de unos faros les cegó. Les dejó al descubierto, indefensos, cervatillos a punto de ser atropellados.

– ¡Corre! -grita él. – ¡Huye!

Una figura se abalanzó sobre ellos. Una figura enorme. Les secundaban dos más. Una iba armada con una escopeta. La otra con una espada… ¡Una espada!

Pero la figura enorme no. Esa iba desarmada.

Él se interpuso entre ellos y la chica. La protegió. Un puño enorme voló contra el rostro de él.

Y luego todo fue oscuridad.

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