Huida de Innsmouth(12): Arkham Asylum

Jacob O’Neil (Sargento de Policía)              –              Raúl

Para llegar a ser Sargento de Policía, Jacob O’Neil había tenido que tragar mucha mierda. Sin embargo, el primer paso en su carrera policial había venido de la mano de otro policía, su mentor y amigo, Bill Forbes.

Tras salir del reformatorio, Jacob había estado vagabundeando sin rumbo, haciendo chapuzas de aquí para allá, hasta que hubo un gran incendio en una fábrica textil cercana a Bangor, Maine. Jacob le salvó la vida a tres personas, entre ellas Bill Forbes, un sargento de policía que le facilitó su entrada en el cuerpo, que le alquiló una habitación en su casa y que le aleccionó en los deberes y labores de todo buen agente de policía.

Bill Forbes destacó como policía y progresó hasta terminar trabajando como agente del departamento del tesoro. Jacob sabía que Bill andaba tras la pista de una banda de contrabandistas cuando desapareció.

La banda de contrabandistas estaba afincada en Innsmouth.

Lo último que supo de Bill Forbes es que había visitado Arkham, más concretamente, el hospital psiquiátrico de Arkham para peligrosos enfermos mentales, el Arkham Asylum.

Tras una serie de pesquisas, Jacob había descubierto que Bill Forbes se había entrevistado en el Arkahm Asylum con un paciente: George Cole, un inspector de fábricas aquejado de manía persecutoria y alucinaciones.

Y que aseguraba haber visitado Innsmouth.

Jacob tuvo que tirar de contactos policiales (los agentes de policía de Arkham se llevaron una agradable sorpresa al ver al joven delincuente Jacob O’Neil, convertido en un prometedor sargento de policía) y de sobornos (la secretaria del Arkham Asylum era un maldito hueso) para poder conseguir una entrevista con el tal Cole.

Una entrevista que tardaría en olvidar.

Le metieron en una estancia de paredes blancas en la que había una mesa y dos sillas enfrentadas, todo anclado al suelo. Dos de las paredes tenían un amplio ventanal de cristal blindado donde Jacob era observado por un variopinto cuarteto de celadores.

George Cole apareció embutido en una camisa de fuerza, con la mirada vidriosa por las drogas, el cabello desgreñado y un hilillo de baba colgando de una de las comisuras de su ancha boca. Jacob intentó llamar su atención, devolverle la mirada, pero Cole parecía ser ajeno a cualquier estímulo externo.

—¿Señor Cole? Soy el sargento Jacob O’Neil. Hace unas semanas habló con un amigo mío, Bill Forbes, ¿recuerda algo?

El hilo de baba de Cole fluyó lentamente sobre la camisa de fuerza.

—Tengo entendido que visitó Innsmouth…

Entonces Cole reaccionó. Su cabeza se lanzó hacia adelante, como un ariete, y sus ojos se clavaron como lanzas sobre Jacob O’Neal.

—Cuidado —espetó con los labios recubiertos de espumarajos— Cuidado con los Escamosos. Te miran. Están esperándote. Nos esperan a todos.

—Espere un segundo, señor Cole.

—¡Cuidado con los Escamosos! ¡Cuidado con los Escamosos! ¡Cuidado con los Escamosos!

—¡Señor Cole! ¡Señor Cole!

Los celadores habían comenzado a levantarse… pero con tranquilidad, parecía que el ataque histérico de Cole les era habitual.

Cole echó hacia atrás su cabeza y luego la descargó con dureza sobre la mesa. El impactó le abrió una brecha sobre la ceja izquierda. Cole volvió a erguirse y dejar caer su cabeza contra la mesa. A la tercera vez, una lluvia sanguinolenta salpicó el aturdido rostro de Jacob.

George Cole
George Cole

Antes de que los celadores entrasen en la estancia, Jacob apretó los dientes, se lanzó sobre George Cole, agarró su cabeza con ambas manos y le obligó a mirarle.

—Mi mentor desapareció en Innsmouth. Mi amigo Brian ha desaparecido en Innsmouth. Y hay algo en ese pueblo de mierda que lo tiene acojonado. Que le ha destrozado la razón. Así que déjese de chorradas y dígame que cojones vio.

George Cole le miró fijamente. Los celadores entraron en la estancia, comenzaron a rodearles.

—Lo que burbujea y borbotea bajo las aguas del muelle.

Jacob contempló silencioso como los celadores se cernieron sobre George Cole, le sometieron con porras de madera envueltas en cuero negro y lo sacaron a rastras mientras continuaba chillando sobre los escamosos que bailaban bajo las olas del mar, a la luz de las estrellas marinas.

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