Huida de Innsmouth(13): R

Greg Pendergast (Fotorreportero)              –              Jacin

El maldito autobús de Ipswich se retrasaba. Greg lanzó una mirada cargada de veneno hacia la carretera vacía. El tiempo pasaba, inexorable. Cruzó los dedos mentalmente, deseando que los Finns tuvieran paciencia y le esperasen porque, aunque ojeando el horario de autobuses había visto uno que pasaba por Innsmouth, prefería ir en compañía de los Finns hasta el pueblo maldito.

Greg Pendergast había decidido escaparse esa mañana, a primera hora, tras un descomunal desayuno en la casa Pendergast, esa topera donde había cohabitado con sus padres y una docena de hermanos y hermanas, se había cogido el primer autobús que pasaba por Ipswich, para visitar la residencia de los Gregg.

Tenía la idea de que un periodista visitando la casa llamaría menos la atención que una tropa de ex gamberros con asuntos pendientes. Y así fue. Llegó a Ipswich acompañado de varios operarios de fábricas, armados con sus cajetillas para el almuerzo y su termos con café, dispuestos a comenzar su jornada laboral. Él, culebreó por las calles para llegar a la vivienda de los Gregg, donde fue recibido por la madura y cortés Evelyn Gregg.

Que fuera periodista no ayudó para entrar en la casa, pero fue decir las palabras “amigo de Brian” para obtener un té caliente y toda la información que pudiera dar. La señora Gregg tampoco se creía la noticia del Arkham Adversiter, conocía a Brian de la iglesia y habían cohabitado juntos durante varios meses, sabía que era un buen muchacho.

—Nunca tendría que haber ido a esa ciudad. ¡Esta corrompida! Esa gente deformada… Esa Marca es un castigo, menos destructivo del que sufrieron en Sodoma y Gomorra pero, sin lugar a dudas, acorde al pecado cometido por los Marsh y sus congéneres.

Greg intentó obtener alguna pista que pudiera orientarles en la búsqueda de  Brian, pero Evelyn Gregg no hizo más que despotricar de los habitantes de Innsmouth y de las malas formas que la policía estatal  había empleado cuando vinieron a interrogarles.

—¿Le importaría que echase un vistazo a la habitación de Brian?

Bajo la atenta mirada de Evelyn Gregg, Pendergast visitó el cuartito de Brian, una habitación pequeña, limpia y recogida (Greg estaba convencido que la señora Gregg había limpiado la habitación tras el registro de la policía estatal)

Algo le llamó la atención. Doblado encima de la mesa había una factura de una tienda… de una tienda de ultramarinos en Innsmouth que no era el FNG.

“Bazar Waite, 404 Elliot Street”

Un listado de productos alimenticios, bastante dispares. Extraño ¿Qué hacía Brian comprando comida en una tienda que no era la suya? ¿Vigilaba a su competencia?

Entonces descubrió la nota escrita a mano tras la factura. Letra femenina, redondeada, trazos limpios.

“Esta noche es la noche. Te quiero. R.”

El punto de la “i” era un pequeño corazón dibujado.

—Que lista eres Margie —murmuró entre dientes recordando las sospechas de la hermana pequeña de Brian.

Diez minutos después, Greg estaba en la parada de autobuses, esperando impaciente a que llegase el que tenía que devolverlo a Arkham, la factura doblada pulcramente en su bolsillo y una duda rebotando dentro de su cabeza.

¿Quién sería R.?

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