Huida de Innsmouth(15): Bienvenidos a Innsmouth

Patry O’Connel (Buscavidas)                      –             Hernán

Colin O’Bannon (Jugador)                           –              Toño

Greg Pendergast (Fotorreportero)              –              Jacin

Thomas Connery (Infante de Marina)          –              Bea

Jacob O’Neil (Sargento de Policía)              –              Raúl

Annie O’Carolan (Cazadora de Libros)        –              Sarita

La pólvora y el humo comenzaron a asentarse. La amarillenta luz del quinqué creaba sombras siniestras que se alargaban por las paredes.

Colin O’Bannon apretó el gatillo, pero el chasquido del percutor le informó que el tambor de su arma estaba vacío. Jacob O’Neil bajó el humeante cañón de su pistola y apuntó al suelo.

Greg Pendergast se giró hacia ellos. Un agujero oscuro en su hombro izquierdo se expandió en una mancha carmesí.

—¿Mami? —preguntó Greg, antes de caer inconsciente.

Colin y Jacob se miraron, viendo en sus aterrados rostros el reflejo de sus propios miedos.

Las Siniestras Calles de Innsmouth
Las Siniestras Calles de Innsmouth

6 horas antes…

—Tuerce por esa carretera —informó Colin.

—Yo creo que la salida está a la izquierda antes de la salida de Newsbury —dijo Jacob al volante de su destartalado Ford T. Greg iba delante, de copiloto, y el resto de los Finns estaban apelotonados en el asiento trasero.

—Tú hazme caso y tuerce por esa carretera, polizonte.

Jacob accedió a regañadientes.

Era una carretera vieja, de un solo carril y de aspecto poco transitado.

Poco a poco, dejaron atrás los bosques de Arkham, los árboles dieron paso a terrenos pantanosos, riachuelos infectos y marismas estancadas. A veces la carretera se cruza con un camino embarrado que terminaba en una vieja y destartalada granja.

Un bache encharcado dio un susto a toda la cuadrilla y llenó el coche de barro.

—Brian los tenía cuadrados de venir aquí en bici todos los putos días.

—Quizá es que vendría por la carretera de Newsbury.

—Chicos —les cortó Thomas Connery señalando.

Estaban en un cruce en el que sólo había una triste señal apuntando al oeste, que rezaba:

Boyton Beach – Falcon Point

Al norte se apreciaba la oscura y puntiaguda silueta de los tejados de una ciudad, varias finas columnas de humo se elevaban intentando arañar el cielo.

—Sigue recto —dijo Annie O’Carolan.

Dejaron tras ellos un estrecho y desvencijado puentecito de madera que se hallaba sobre un riachuelo. Un centenar de metros de carretera embarrada y ascendente hicieron gruñir los motores y les llevaron ante un oxidado cartel que les dio la bienvenida a Innsmouth.

—Y ahora ¿qué hacemos? —preguntó Patry.

—¿Buscar alojamiento? —preguntó Jacob. Annie señaló los pequeños edificios del siglo XIX, sucios, desmoronados y abandonados que se alzaban ante ellos.

—¿Aquí?—preguntó indignada.

—Creo que puedo ayudar en eso —respondió Colin—. Pero para eso tendría que visitar al asesor jurídico de la ciudad… un tal Ralsa Marsh.

—Entonces… ¿entramos todos juntos en la ciudad y nos ponemos a preguntar por Brian?

—Dividámonos —comenzó Jacob—. Cubramos terreno. Greg y yo acompañaremos a Colin hasta el despacho del asesor jurídico y nos acercaremos hasta la comisaria. Vosotros buscad la tienda donde trabajaba Brian, el First National Grocery, intentad contactar con los empleados, Ezra Blanck y Sandra Mowry.

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