Huida de Innsmouth(16): El Individuo

Colin O’Bannon (Jugador)                           –              Toño

Greg Pendergast (Fotorreportero)              –              Jacin

Jacob O’Neil (Sargento de Policía)              –              Raúl

Innsmouth era una ciudad fantasmagórica, de angostas calles de adoquines rotos y aceras deterioradas, tablones podridos cegaban las ventanas, puertas bloqueadas por muretes de ladrillo, paredes desconchadas, sucias por chorretones de excremento y detritus.

No habían visto a nadie hasta que el coche de Jacob O’Neal se cruzó con un individuo alto, envuelto en un oscuro impermeable y que caminaba arrastrando los pies. Era un tipo desgarbado, casi calvo, de hombros caídos y cuyos grandes ojos saltones se clavaron sobre ellos.

El Individuo  (Odinoir DeviantArt)
El Individuo
(Odinoir DeviantArt)

Jacob paró el vehículo a su lado y Colin O’Bannon bajó la ventanilla.

―Buenas tardes, caballero.

El individuo no contestó.

Sólo les miró.

Fijamente.

―Mis colegas y yo hemos venido para resolver unos negocios con el asesor jurídico, Ralsa Marsh.

El individuo siguió sin contestar.

―¿Nos podría indicar donde tiene el señor Marsh su despacho?

Se giró lentamente y señaló al fondo de la calle.

―Allí hay una plaza grande… Crucen el puente y luego tuerzan a la derecha. Hay otra plaza… pequeña, con una iglesia y… un edificio grande… Y la comisaría. La oficina del señor Marsh también está en esa plaza.

―Gracias, señor.

El individuo no contestó. Alzó la cabeza a modo de saludo y les contempló alejarse.

―¿Habéis visto a ese tipo? ―preguntó Colin.

―Mmmm… ―comenzó Jacob mirando por el retrovisor―. Así que a esto es lo que llaman la Marca de Innsmouth.

―Tenía unas marcas muy extrañas en el cuello ―comentó Greg Pendergast.

―¿Cicatrices?

Pero, sin un motivo específico, los tres estaban pensando en branquias.

El Manuxet era un río infecto de aguas marrones, contaminadas por las fábricas de embalaje de pescado que se arracimaban en las orillas, como hongos en un queso viejo, solo que este hongo expelía negras columnas de humo al cielo encapotado y gris que parecía adherido a los tejados de Innsmouth.

El puente crujía y las calles al otro lado encogieron y se retorcieron. Vieron varios coches destartalados, aparcados o abandonados, suelos con adoquines rotos, aceras agrietadas, viejos edificios de ladrillo erosionado, sucios de hollín y que parecían a punto de derrumbarse. No había comercios en activo a ese lado del río, todos estaban cerrados pero vieron varios edificios pintorescos: Una oscura iglesia estrecha, provista de un puntiagudo campanario. Una mole gris, rectangular, neoclásica, provista de cuatro enormes columnas que adornaban su entrada. Un cubo de ladrillo de aspecto resistente, lleno de cicatrices por humo y fuego, con una vieja camioneta estacionada en frente.

A la entrada de un pequeño edificio de ladrillo una deslucida placa de bronce informaba que el consultorio jurídico de Ralsa Marsh estaba compartido con la consulta médica de su padre.

 Dr. Rowley Marsh e Hijos – Medicina General

Debajo en una placa de madera hinchada por la humedad rezaba:

Ralsa Marsh – Asesor Jurídico

Jacob aparcó delante. Colin se llevó dos dedos a la sien a modo de saludo antes de entrar. Jacob y Greg encaminaron sus pasos hacia el cubo de ladrillo de aspecto resistente, la comisaría de Innsmouth.

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