Huida de Innsmouth(27): De una cama de hospital, un puñado de libros y dos contactos

Patry O’Connel (Buscavidas)                      –             Hernán

Thomas Connery (Infante de Marina)          –              Bea

Annie O’Carolan (Cazadora de Libros)        –              Sarita

Liam McMurdo (Conductor)                         –              Soler

Colin O’Bannon (Jugador)                           –              Toño

Greg Pendergast (Fotorreportero)              –              Jacin

Jacob O’Neil (Sargento de Policía)              –              Raúl

Los Finns estaban reunidos alrededor de la cama en la que estaba postrado Greg Pendergast. Jacob O’Neil y Colin O’Bannon habían bajado en coche hasta el hospital de Arkham donde habían ingresado al fotorreportero, herido de bala, con la excusa de que le habían intentado atracar en Innsmouth.

―Normal, ¿qué esperaban yendo a ese lugar inmundo? ―repuso la indignada enfermera.

Mientras Jacob conseguía convencer a los policías que vinieron a tomar declaración, Colin volvió a Innsmouth donde avisó al resto de la cuadrilla de lo sucedido. Haciendo una parada antes en el despacho de Ralsa Marsh.

Una vez congregados en la habitación de Greg, esperaron a que este saliera del sopor de la morfina, dando tiempo a Liam McMurdo a regresar de la visita a su sobrina.

―¿¡Qué le disparaste!? ―le gritó Liam a Jacob.

―No le disparé. Fallé y… estaba petrificado en medio del ángulo de tiro y…

―Eres un manazas y ya está, Jacob ―siseó Colin que miraba por encima del hombro de Annie O’Carolan, que a su vez, ojeaba los catorce tomos que habían sacado de la biblioteca. La chica estaba eufórica, pero no daba muestras de ello, simplemente pasaba las páginas de algunos tomos, los olía, asentía y murmuraba palabras para si misma.

―¿Qué hicisteis con el cuerpo? ―preguntó Thomas Connery.

―Lo devolvimos al pozo del que salió―comenzó Colin―. Cerramos la tapa y de haber tenido dinamita la habríamos volado.

Patry O’Connell se tensó al oír el tema de los explosivos. Liam también, pero porque la sola mención del fuego le produjo escalofríos.

―O quizá mejor no ―continuó Colin―. A ver como explico después al tal Ralsa Marsh que he dinamitado los cimientos de la propiedad que le acabo de vender.

―¿Sacaste tajada por la casa? ―preguntó Patry.

―Ochocientos dólares al contado ―asintió Colin―. Aunque el tipo al que le gané los papeles los apostó por valor de dos mil dólares. Pero más vale pájaro en mano, que una casa que cría ranas gigantes y parlantes.

―Con vuestro permiso y sin ofendero… pero lo de la rana… es que no me lo termino de creer ―dijo Liam―. ¿No os asustaríais al ver salir al niño de allí? Puede ser que estuviera muy afectado por la marca de Innsmouth y…

―No era un niño ―murmuró Greg. Intentó sonreír pero solo consiguió dibujar una mueca en su pálido rostro.

Los Finns se acercaron a él, estrechándole la mano, apretándole el hombro sano y Patry le plantó un beso de carmín rojo en la mejilla.

―A saber a quién has besado con esos labios―bromeó Greg.

―A un chico muy feo, pero muy locuaz ―contestó mordaz Patry.

―Se ligó a Ezra Blanks, el compañero de trabajo de Brian ―comenzó Thomas―. Por lo visto creen que a Brian lo secuestró la Orden Esotérica de Dagon, una especie de secta que controla todo el pueblo.

―Los Marsh controlan el pueblo ―dijo Annie sin dejar de analizar uno de los libros. El más grueso, el más grande. Encuadernado en un cuero extraño, húmedo, el interior estaba lleno de sucios folios y papiros cargados de anotaciones en por lo menos cinco idiomas… y todo el texto estaba escrito en un alfabeto retorcido y antinatural.

―Según mi contacto, un tipo que vive en el pueblo―comenzó Patry con una lengua llena de veneno―.La Orden Esotérica de Dagón, controla Innsmouth,

―Según mi contacto, un escritor de fama mundial que se dedica a desmantelar sectas sanguinarias desde la India hasta el Amazonas ―comenzó Annie sin cortarse en resultar todo lo pedante que pudiera―, y que está investigando la ciudad, los Marsh lo controlan todo. Hay miembros de la familia Marsh en todos los estamentos importantes: La policía, el gobierno municipal, las industrias… y en la orden esotérica.

Annie extrajo su libreta y donde había apuntado todos los detalles que Jackson Elias le había facilitado, incluyendo algunos episodios de la historia de Innsmouth que se encerraban en las páginas del diario extinto, el “Innsmouth Courier”, Jacob tomó la libreta y comenzó a apuntar en la suya parte de esa información.

―¿Y no te lo has tenido que follar para que te dijera todo eso? ―siseó Patry.

―No, cariño ―contestó Annie arrugando la nariz―, sólo le he dado mi dirección para que me escriba.

―¡Qué romántico! ―contestó Patry con sarcasmo.

―¡Basta de puyas! ―cortó Jacob―. ¿Qué nos puedes decir de los libros Annie?

―Son libros de ciencias ocultas ―contestó Annie con tono aburrido―. Brujería, bestiarios, prácticas satánicas y demás temas similares. Estos de aquí son bastante habituales en cualquier librería ocultista, pero estos tres son bastante más difíciles de encontrar. Y este grandote no lo había visto nunca…

―¿De qué hablan? ―preguntó Greg.

―No los he estudiado, Greg. Los conozco de oídas, por catálogos o…

―Los conoces. Sabrás algo de ellos.

―Pues sí, que versan sobre brujería, bestiarios, prácticas satánicas…

―No te andes por las ramas y concreta.

―¿Qué quieres que concrete?

―¡Pues lo que sea que te estés escondiendo! ―gritó Greg.

―¿¡Cómo qué me estoy escondiendo algo!? ―chilló Annie―. ¿¡Quieres qué te haga un análisis de cada libro, Greg!? ¿¡Es eso lo qué quieres!? ¡Muy bien! Aquí tenemos La Damonialitate, escrito por el inquisidor Lovodico María Sinistrani en 1785, es un libro en cartoné, folio a una cuarta y, sin haberle hecho las pruebas pertinentes, podría asegurar que es original. Y en él, ¡el inquisidor habla de los tratos sexuales entre los humanos y el Diablo y su progenie!

Annie arrojó el libro al suelo, derribando la columna que había formado con los primeros diez tomos, más habituales en las bibliotecas ocultistas.

―Este es el Discourse Des Sorciers, el Discurso de los Brujas en francés, de Henry Boguet, 1608, folio a una cuarta, en cartoné. El bueno de Henry  era un juez de Borgoña que estranguló, torturó y quemó a más de 40 mujeres y niños en sus casos de brujería.

»Este más pequeño, en rústica, está en folio a una octava, se llama Fischbuch, que viene del alemán gótico y significa “Libro de los Peces”, y lo escribió Konrad von Gerner un ocultista que aseguraba haber tenido encuentros carnales con sirenas.

»¿Te parece suficiente información o quieres más?

―Quiero toda la información que puedas darme de esos libros ―contestó Greg con los dientes apretados.

―¿Por qué? ¿Te van a decir estos libros dónde está Brian? ―y Annie arrojó el Fischbuch al pecho del reportero que gimoteó de dolor―­. ¿Te van a decir quién apuñaló a Biff Williams hace ocho años? ¿Qué te van a decir estos libros que sea tan importante?

Un silencio sepulcral devoró la habitación. Annie no quiso llorar delante de ellos, se negó a que la vieran verter una sola lágrima. Ella ya no era esa chica. El resto de la cuadrilla apartaban la vista buscando algo que decir, algo que apuntar…

―¿Cuánto queda para Samhain? ―espetó Patry. La muchacha cayó en la cuenta de que lo había dicho en voz alta, cuando en realidad lo estaba pensando. Todos los Finns se volvieron para mirarla.

―Ocho, no, nueve días, ¿por qué? ―dijo Jacob algo aturdido.

―Porque, no se que le diría a Annie su contacto, ni que pondrá en los libros de Colin, pero Ezra Blank me dijo que pasaban cosas muy malas en Innsmouth cuando llegaba Samhein.

Los Finns se miraron. Ahora además de descubrir que había pasado con Brian Burnham, tenían que descubrirlo en menos de nueve días.

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