Huida de Innsmouth(29): En Innsmouth no nos gustan los forasteros

Patry O’Connel (Buscavidas)                      –             Hernán

Liam McMurdo (Conductor)                         –              Soler

—¿Cómo ha dicho que se llama? —inquirió el supuesto policía, desnudando a Patry O’Connel con una mirada libidinosa.

—No lo he dicho, agente…

—Subcomisario —contestó el tipejo sin dejar de sonreír—. Subcomisario Nathan Birch.

Patry y Liam McMurdo habían llegado a Innsmouth a mediodía, pero la taberna de Viktor Obtrech, the Garden, estaba cerrada a cal y canto. Siendo una taberna de mala muerte era de esperar que abriese más tarde…  aunque Patry recordaba haber seducido a Ezra Blank sobre las doce del día anterior… quizá Obtrech no fuera muy puntual, o que ese día no le hubiera apetecido despertarse pronto.

El caso era que comenzaron a caminar por Innsmouth, buscando a Ezra Blank, Sandra Mowry, o a alguien que pudiera darles información sobre Brian Burnham… y se encontraron que estaban siendo seguidos por un individuo gordinflón, cargado de espaldas, de ojos inquietantemente estrechos y amplia y maliciosa sonrisa que vestía una desgastada gabardina con la que apenas oculta una escopeta de cañones recortados que colgaba de su propia funda.

—¿Podemos ayudarle en algo, amigo? —le espetó Liam, acariciando la culata del revólver del calibre 32 que escondía en su cazadora de cuero.

—Quizá pudiera ayudarles yo, soy un miembro de las fuerzas de la ley y orden de esta ciudad —comenzó el individuo al tiempo que se les acercaba. A pesar de su anatomía fofa y sus andares patizambos, el tipo era rápido—. ¿Me podrían informar qué les ha traído hasta mi hermosa ciudad?

—¿Lo de hermoso es sarcasmo, verdad? —dijo Patry.

—Evidentemente, ante una hermosa mujer como usted, cualquier cosa parece fea — inquirió el supuesto policía, desnudando a Patry O’Connel con una mirada libidinosa—. ¿Cómo ha dicho que se llama?

—No lo he dicho, agente…

—Subcomisario —contestó el tipejo sin dejar de sonreír—. Subcomisario Nathan Birch.

Patry estuvo tentada de preguntarle a las claras que sí sabia algo de su amigo Brian Burnham. Estuvo tentada de decirle que podía alzar los ojos y mirarle a la cara. Estuvo tentada de decirle que  podía exhibir su escopeta, que si la tenía recortada sería para no acomplejar su ridícula poll…

Pero Liam se adelantó.

—Soy Jerry O’Keaf y esta es mi querida esposa, Debra. Estábamos viajando hasta Boston y nos hemos desviado un poco. Queríamos orientarnos, un  poco de gasolina y quizá tomar un sándwich antes de ponernos de nuevo en viaje, subcomisario.

Nathan Birch no se inmutó, ni contestó inmediatamente. Simplemente les miró con esos grandes ojillos, ceñudos y malévolos, durante unos larguísimos segundos.

—Por supuesto. Han aparcado frente al Gilman House, ¿Charlie Gilman no les ha podido ayudar?

Liam se quedó petrificado intentando buscar algo con lo que contestar, pero esta vez fue Patry quién, recordando la declaración de Annie, pudo decir algo.

—El tipo del Hotel no paraba de escupir. Era muy desagradable.

Birch no contestó otra vez. La miró de nuevo. En silencio. Una mirada lujuriosa que Patry llevaba sintiendo sobre la piel desde los catorce años… y aún así el subcomisario Birch consiguió provocarla escalofríos… y náuseas.

—Ya… Charlie no es un tipo muy sociable.

—Nadie de este pueblo lo parece.

—O… algunos somos muy sociables, señora O’Keaf… es sólo que en Innsmouth no nos gustan los forasteros —Birch se palmeó su prominente panza y dejó lucir una sonrisa falsa, llena de dientes pequeños—. El Café de Innsmouth, en la plaza donde han dejado su magnífico vehículo, hacen unos buenos sandwiches, y encontrarán la gasolinera en el 303 de South Street.

Birch se despidió llevándose dos dedos palmeados a la sien y continuó anadeando por la calle. Mientras Patry y Liam volvían hacia su vehículo se percataron de que varios de los viandantes de Innsmouth se habían parado a su alrededor para contemplar la conversación con Birch. Tres tipos, carentes de la marca de Innsmouth pero con el aspecto de “basura blanca”, de paletos de provincia, apoltronados en una vieja camioneta, luciendo unas feas pero seguro que funcionales, escopetas. Varios pescadores con ojos grandes y bocas anchas. Dos mujeres, con la marca, que cuchicheaban entre sí. Escondido entre las sombras de un callejón un tipo obeso, que fumaba un cigarrillo y les dirigió una sonrisa amable, antes de desaparecer en un pestañeo entre las calles. Un tipo bajito y repulsivo, que caminaba por medio de unas muletas, arrastrando sus piernas, raquíticas y retorcidas, y que dejaba tras de sí un tufo a sudor agrio, que les miró con desprecio con sus ojos saltones cuando Patry se tapó la nariz.

—¿Soy al único al que le han entrado unas ganas enormes de salir corriendo de este lugar? —preguntó Liam.

—Corriendo no —contestó Patry—. Conduces tú… y rápido.

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