Huida de Innsmouth(47): Ka-boom!

Thomas Connery (Infante de Marina)          –              Bea

Greg Pendergast (Fotorreportero)              –              Jacin

Annie O’Carolan (Cazadora de Libros)        –              Sarita

—¿Qué coño pasa?—chistó Greg Pendergast con la mirada fija en las aguas del río, buscando esa forma amorfa que burbujeaba.

—Yo que sé —espetó Thomas Connery angustiado, sin dejar de palpar el detonador—. Es la dinamita de Patry. Lo mismo está mojada o el detonador está dañado…

—¿Y qué hacemos? —preguntó Annie O’Carolan.

—Puedo acercarme al almacén—comenzó Thomas—. Lanzar una bengala dentro y que el fuego incendie los explosivos.

KA-BOOOOOOOOM!

Las llamaradas amarillas y naranjas atravesaron el techo del almacén, lanzando cascotes en llamas y pedazos de metralla inflamable. Los almacenes cercanos comenzaron a incendiarse, mientras un infierno de flores rojas crepitaba y escupía deflagraciones por la puerta y los ventanucos del almacén incendiado.

Greg, Thomas y Annie se había arrojado al interior del vehículo y, muy poco a poco, se asomaron por las ventanas del Ford T.

—Parece que no va a ser necesario acercarse hasta el almacén —aseguró Thomas.

—¿¡Qué!?—chilló Greg.

—¡Qué parece que no va a ser…!

—¡Arranca, Greg! —gritó Annie.

—¿¡Qué!?

El fuego devoraba los almacenes… pero al otro lado de la calle las oscuras ventanales comenzaron a iluminarse. Luces eléctricas. Velas. Figuras oscuras asomándose por las ventanas.

—¡Qué arranques! —mientras comenzaba a golpear al conductor en el antebrazo—. ¡Arranca! ¡Arranca! ¡Arranca!

Greg escuchó la voz de la pequeña O’Carolan por encima del pitido que tronaba en sus oídos tras la explosión. Pisó a fondo el pedal del acelerador y el Ford T salió escopetado, quemando goma tras de sí. Greg dio bruscos volantazos, cruzó el puente que conectaba con New Town Square, emergieron a toda velocidad en la plaza y aceleró por Federal Street.

Cuatro manzanas llenas de baches después, el coche huía de Innsmouth veloz como un relámpago. Saltaron a la carretera y Greg no bajó la velocidad hasta que llegaron al cruce apartado de la ciudad, el cruce que habían establecido como punto seguro.

El cruce donde se unirían junto al resto de los Finns cuando liberasen a Brian Burnham.

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