Huida de Innsmouth(49): El Croar

Thomas Connery (Infante de Marina)          –              Bea

Greg Pendergast (Fotorreportero)              –              Jacin

Annie O’Carolan (Cazadora de Libros)        –              Sarita

Greg Pendergast lanzó otra mirada al reloj de bolsillo que aferraba con la mano derecha. Apenas habían pasado cinco minutos desde la detonación en el almacén. Cinco largos minutos. E Innsmouth continuaba tan muerto cómo cuando habían llegado protegidos por el manto de la noche.

Su mirada, la de Thomas Connery y la de Annie O’Carolan, bailaban nerviosas, comprobando el reloj, divisando la columna de humo que ascendía desde la ribera del Manuxet, atentos a su alrededor, un alrededor oscuro, lleno de ciénagas salpicadas por alguna granja abandonada.

Thomas comprobó otra vez su fusil Springfield 30.06 de cerrojo. Annie se apoyó contra el cristal de la ventanilla, llenándolo de vaho, mientras la pistola Luger P08 reposaba en su regazo. Y Greg aferraba el reloj con más fuerza, mientras el secundero se deslizaba, perezoso, trazando su interminable recorrido en círculo.

—Por más que mires el reloj, no van a tardar menos —dijo Thomas.

—Lo sé, pero no por ello voy a dejar de hacerlo —contestó Greg secamente.

Entonces pasó… y todos lo oyeron.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó Annie, agarrando con firmeza su pistola. Abriendo mucho los ojos, pero atenta. Intentando, soñando, rogando porque lo que acababa de escuchar fuera producto de su imaginación.

—No lo sé —contestó Thomas.

—Yo sí —dijo Greg—. Algo ha croado.

—No puede ser —se quejó Annie, al descubrir que sus amigos habían escuchado lo mismo que ella deseaba haber imaginado—. Las ranas no croan así… ósea… no puede ser que una rana croé tan fuerte.

Eso, volvió a croar.

Otra vez.

Cómo para dar verosimilitud a su sonido. Cómo para reafirmarse.

O cómo para avisar de algo.

—A no ser de que no sea una rana, exactamente… si no algo muy parecido a una rana —dijo Thomas tratando de ver si algo se ocultaba entre los matojos de la ciénaga.

—Algo jodidamente grande —afirmó Greg, pensando en la cosa del pozo, en Fregg.

Pensando en su Mami.

Y algo parecido a una rana de ciento veinte kilos volvió a croar.

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