Huida de Innsmouth(51): Te quiero, princesa

Patry O’Connel (Buscavidas)                      –             Hernán

Colin O’Bannon (Jugador)                           –              Toño

Liam McMurdo (Conductor)                         –              Soler

Jacob O’Neil (Sargento de Policía)              –              Raúl

Angus Lancaster (Arquitecto)                      –              Garrido

Los dos vehículos se acercaban a la casa de los Billingham cuando una de las tapas de alcantarilla que había frente a ellos saltó por los aires. Del agujero, emergió una criatura humanoide, de casi dos metros de altura y eso, que estaba encorvada. El ser poseía una poderosa musculatura reptiliana, cubierta por escamas verdegrises y su vientre abotargado, colgaba, bamboleante, entre sus piernas patizambas. Sus saltones ojos amarillos brillaban ante la luz de los faros mientras abría su enorme boca, plagada de delgados colmillos abisales.

El primer escamoso, el primer hijo del mar, el primer profundo que los Finns contemplaron, alzó una zarpa de garras palmeadas y expelió un bramido gorgoteante.

El Primer Profundo que los Finns vieron, de goblin_bones
El Primer Profundo que los Finns vieron, de goblin_bones

Liam McMurdo pisó el freno, ocasionando que Angus Lancaster le imitara, ambos coches se plantaron ante el jardín de los Billingham, todos impresionados por la criatura que les estaba esperando.

Sobre el techo del Packar Twin Six de Liam aterrizó una pesada forma, arrancando gritos a los ocupantes de ambos coches. Otra batracia criatura emergió de la oscuridad y embistió al vehículo alquilado de Angus, convirtiendo el parabrisas en una telaraña de cristal agrietado.

Sobrecogidos por los ataques de los monstruos, los Finns comenzaron a gritar órdenes a los conductores, mientras sacaban sus armas.

Brian Burnham aprovechó el alboroto para salir corriendo del coche y correr hacia la casa de Ruth. Estaba a media carrera cuando la puerta de la casa se abrió y Warren Billingham emergió de ella… empuñando un rifle.

Billingham alzó el arma y apuntó a Brian que se quedó plantado en medio del jardín con las manos levantadas.

Patry O’Connel, aferrada al revólver del calibre 38 que había afanado de la comisaría, abrió la puerta de su coche y, sin dudarlo, disparó sobre Warren Billingham. Su disparo impactó al patriarca de los Billingham bajo las costillas derechas, su camisa blanca explotó en una mancha carmesí, arrancándole el aire de los pulmones, obligándole a poner una rodilla en tierra y no apuntar a Brian.

Colin O’Bannon bajó del vehículo y abrió fuego con su revólver del 32 sobre el monstruo que estaba en el techo del vehículo de Liam. Sus balas volaron alrededor del monstruo, pero alguna se incrustó en el pelaje reptiliano de la criatura.

Liam buscó la palanca que solía llevar a mano cuando cometía sus delitos automovilísticos, cuando se hizo con ella, una zarpa palmeada destrozó el cristal de la puerta del piloto y el ser que había emergido de la alcantarilla, buscó su cabeza. Tras él, Ezra Blank se hizo un ovillo en el coche, aterrado ante la visión de los monstruosos batracios.

Jacob había salido del coche tras Brian, con la escopeta en ristre, ladrando órdenes a Billingham para que no disparase a su amigo, aunque Patry ya había abatido al directivo de la empresa de embalaje de pescado. O eso parecía…

Por su parte, Angus no dudó en hacerse con la escopeta corredera que había saqueado de la comisaría y le descerrajó una descarga de perdigones al monstruo que intentaba entrar en su coche, destrozó el parabrisas y le arrancó medio rostro, salpicándose de una sangre negra y oleosa, pero la criatura no había muerto, chillaba retorciéndose angustiada.

De la alcantarilla abierta, emergieron dos profundos más.

Con la camisa empapada en sangre, malherido, y con una rodilla en tierra, Warren Billingham alzó su fusil pero, justo antes de disparar, Ruth Billingham salió de la casa y embistió a su padre con el hombro, haciéndole fallar el disparo que se perdió en la oscuridad.

Patry y Colin dispararon contra el monstruoso batracio que acosaba a Liam. El disparo de Patry se perdió en la oscuridad, pero el hijo de O’Bannon, avanzó hasta el monstruo, puso su arma ante el rugiente rostro de la criatura y le cosió su fea cara balazos. Liam arrancó el coche y lo movió para arrojar del techo al profundo. Jacob se giró, descargó un disparo de su escopeta contra los monstruos que acababan de emerger de la alcantarilla y su perdigonada destrozó a las criaturas.

Angus puso la marcha atrás, arrancó el coche, quemando ruedas y, antes de que su coche comenzase a retroceder, el morro de su vehículo golpeó al monstruo moribundo y lo derribó.  Pero Angus no supo maniobrar de forma acertada, su coche se subió a la acera, perdió la dirección y se estampó contra una farola.

Ruth corrió hacia Brian y se fundieron en un espectacular abrazo, pero Jacob les instó a refugiarse en el vehículo. El tiroteo había llamado la atención de los vecinos, se habían encendido algunas luces en las casas cercanas, algunos habitantes de Innsmouth comenzaron a salir de sus casas. Escucharon gritos, ruidos de movimiento

Patry pudo oír el ruido de un coche acercándose.

Ruth y Brian volvieron hasta el coche, protegidos por Jacob, cuando Warren Billingham se alzó con el rifle en ristre. A su espalda, un relámpago restalló en el cielo, iluminando las figuras de una docena de profundos que emergían de los laterales y por el techo de la casa de los Billingham.

—¡Burnham! —gritó Warren.

Brian cubrió con su cuerpo a Ruth.

Warren Billingham apuntó.

Jacob se puso ante Brian.

Warren Billingham disparó.

El profundo que había trepado al techo de Liam y, que estaba tras Brian Burnham, recibió el impacto de la bala  entre los ojos y sus sesos se desparramaron por la calzada.

—¡Cuídala, muchacho! —gritó Warren Billingham—. ¡Sálvala de esta ciudad!

Los profundos que había a espaldas de Warren se lanzaron sobre él, pero antes de que sus zarpas se cernieran sobre Warren Billingham este pudo mirar a su hija a los ojos:

—¡Te quiero, princesa! —gritó Warren, antes de que los profundos se cebasen con él, descuartizándolo ante las atónitas miradas de los Finns…

Pero Warren Billingham no gritó. No gritó.

Los insmouthitas comenzaron a salir de las casas y a correr hacia los invasores. Algún que otro profundo emergía de algún callejón oscuro, o se bamboleaba desde la casa de los Billingham hacia ellos.

Las luces de una camioneta se acercaban rápidamente.

Brian arrastró a una petrificada Ruth hasta el coche de Liam y se refugiaron en el asiento trasero. Patry y Colin entraron en el coche, sentados a los lados de un asustadísimo Ezra Blank. Liam animó a Angus Lancaster para que corriese hasta el Packard Twin Six, mientras Jacob se sentaba en el asiento del copiloto. Angus llegó cojeando hasta ellos, apoyándose en su bastón estoque y con la escopeta colgada a su espalda, pudiendo saltar al asiento trasero donde se apretujó junto a Brian y una catatónica Ruth.

—¡Vamos, vamos, vamos! —gritó Angus, al tiempo que Liam metía la primera y arrancaba a toda velocidad, consiguiendo que su coche saliera a toda velocidad del porche de los Billingham, dejando atrás a los monstruosos batracios y a las gentes corruptas de Innsmouth… pero no a la camioneta que les perseguía.

Camioneta que conducía el agente de policía Zebediah Marsh.

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