Huida de Innsmouth (52): El Singular Tipo del Bombín

Thomas Connery (Infante de Marina)          –              Bea

Greg Pendergast (Fotorreportero)              –              Jacin

Annie O’Carolan (Cazadora de Libros)        –              Sarita

El Singular Tipo con Bombín, de Will Martinez

—¿Qué demonios es eso? —preguntó Annie O’Carolan atenazada por el terror.

Greg Pendergast y Thomas Connery volvieron la vista hacia la figura que se acercaba hacia ellos… estaba vestida con una levita y un bombín, una ropa ridícula y a la vez espeluznante que cubría al ser que debía seguir considerándose humano… Aunque de humano tenía poco.

Era casi un profundo. Un batracio de casi dos metros, con la piel gris, de grandes ojos amarillos, una papada prominente y una boca ancha. No caminaba, daba saltitos desacompasados, apoyándose en los nudillos de sus poderosos brazos.

Cuando lo vieron acercarse hasta ellos, hasta el coche rodeado por el cantar de ranas enormes, Greg acertó a arrancar el coche y Annie se encogió en su asiento, bien aferrada a su pistola.

Thomas, en cambio, salió del coche.

—¿Se puede saber a dónde coño…? —gritó Greg.

El retumbar del croar llenaba las marismas, por encima incluso del roncar del coche. Thomas avanzó un par de metros, con el rifle en la mano.

—¡Disculpe! —gritó Thomas por encima del barullo, alzando una mano ante el tipo con bombín—¿Puede decirme quién es?

La cosa con bombín, el profundo con bombín, el monstruo con bombín, miró a Thomas y no esperó a que el infante de marina dijera algo más. Olfateó el aire y gruñó. Un gruñido ronco y profundo que silenció la marisma. Un gruñido que aumentó en volumen hasta convertirse en un rugido.

La bestia abrió las fauces, luciendo una colección irregular de largos colmillos afilados bañados en babas amarillentas y… Thomas le disparó en medio de los ojos.

Cuando Greg y Annie dirigieron una mirada a su amigo, le encontraron rodilla en tierra y con el rifle humeando. El monstruo había volado de espaldas unos metros, aterrizado en el asfalto de la carretera, con la cabeza convertida en un amasijo de sesos e icor negruzco y oleoso.

El bombín revoloteó por el aire y cayó al suelo, al tiempo que Thomas cargaba el rifle de cerrojo y volvía al coche.

Un furioso croar explotó a su alrededor.

—Creo que es un buen momento para alejarnos de esta zona —dijo el infante de marina. Y sus amigos le apoyaron, al tiempo que el coche se alejaba del singular tipo del bombín.

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