Huida de Innsmouth (53): En Innsmouth no van a olvidar el día que los Finns pasaron por aquí

Patry O’Connel (Buscavidas)                      –             Hernán

Colin O’Bannon (Jugador)                           –              Toño

Liam McMurdo (Conductor)                         –              Soler

Jacob O’Neil (Sargento de Policía)              –              Raúl

Angus Lancaster (Arquitecto)                      –              Garrido

Luces detrás del coche.

Un armatoste lleno de innsmouithas y conducido por el hierático agente Zebediah Marsh había comenzado a perseguirles… y a algo más.

Los primeros fogonazos que surgieron de la destartalada camioneta sólo consiguieron despertar a los dormidos habitantes del pueblo maldito, pero el último disparo impactó en el maletero del Packard Twin Six de Liam McMurdo.

—¡Nos disparan!—alertó Ezra Banks

—No jodas, genio—gruñó Liam y dio un volantazo.

El coche de Liam derrapó por los adoquines de la estrecha calle y  enfiló hacia el Manuxet. El agente Marsh consiguió que su camioneta girase acertadamente tras los Finns. Otra lluvia de disparos salpicó la carretera y las aceras, mientras la carrocería se abollaba por perdigones y balas.

—¿A qué estáis esperando? —gritó Liam, cambiando de marcha y enfilando por Adam St—¡Devolvedles el fuego, joder!

Patry O’Connell y Colin O’Bannon bajaron las ventanillas y asomaron los brazos con sus revólveres, disparando sobre el vehículo, sin mucho acierto. Jacob O’Neil sacó medio cuerpo y su escopeta tronó, arrancando esquirlas de adoquines frente a la camioneta. Brian Burnham apretó contra su pecho a Ruth, mientras Ezra se encogía en su asiento. Angus Lancaster también sacó su escopeta y  la perdigonada destrozó capó de la camioneta… pero no la paró.

Liam aceleró, pasando entre fábricas y almacenes abandonados, dejando a su derecha el humo y el fuego del incendio de distracción… llegando a las vías del tren. La dirección del coche se resintió cuando pasó a toda velocidad por encima del doble juego de vías, pero el vehículo lo soportó. Y también lo hizo la camioneta de Zebediah Marsh.

Se acercaban a un estrecho puente de madera que cruzaba el Manuxet. Y ante el puente había un cartel:

Puente Peligroso
Cruce Bajo su Responsabilidad

—¡Liam! —intentó avisar Patry.

—¡Lo sé! —espetó Liam mientras aceleraba.

—¡Liam! —gritó Brian viendo acercarse el cartel.

—¡Lo sé! —voceó Liam, pisando a fondo el acelerador.

—¡Liam! —le amonestó Colin viendo cómo el cartel pasaba por su lado.

—¡Que lo sé! —contestó Liam, sin dejar de acelerar.

El coche entró el puente. Los Finns escucharon, por encima del explosivo gruñido del motor, como crujía. Los más cercanos a las ventanas contemplaron cómo pedazos mohosos y tablones podridos del puente, se soltaban y caían a las fangosas aguas del Manuxet.

Y, tras dos largos segundos en los que ninguno de los Finns creyó haber respirado, el Packard Twin Six cruzó el puente.

Tras ellos, Zebediah Marsh también cruzó el puente, manteniendo la misma distancia desde que había comenzado la persecución… la diferencia fue, que tras pasar su armatoste, la decrépita construcción de madera se vino abajó.

—En Innsmouth no van a olvidar el día que los Finns pasaron por aquí— rió Jacob O’Neil, antes de que un disparo de la camioneta arrancase el retrovisor que había a su lado.

Patry, Colin, Jacob y Angus continuaron devolviendo el fuego contra la camioneta. Liam les había llevado hasta la zona residencial del suroeste y ante ellos se habría una larga manzana, rodeada de casitas del siglo pasado bastante cuidadas.

Y luces delante del coche.

Ken Martin, el dueño de la Gasolinera, el jefe de Bernard Averill, tenía uno de los mejores coches de Innsmouth, un Chevrolet Modelo M, de Martin, como solía bromear el sucio encargado mientras se palmeaba su barriga cervecera.  Estaba acelerando hacia el vehículo de los Finns, mientras una gran sonrisa se dibujaba en su inmundo rostro de batracio.

Liam le vio, escuchó el rugir del Chevrolet mientras se acercaban el uno al otro. Vio los grandes y brillantes ojos del conductor rival, sabiendo lo que venía a continuación.

No era la primera vez que Liam McMurdo jugaba al “Gallina”.

Liam aceleró.

Ken Martin también.

—Liam —advirtió Jacob, al tiempo que se sentaba en el asiento del copiloto y se ponía el cinturón.

—Lo se —contestó Liam exhibiendo una sonrisa maníaca.

Ambos coches se acercaban a la mitad de la manzana.

Liam puso el Packard a 110 kilómetros por hora. Ken Martin alcanzó ochenta con su Chevrolet.

—Liam —soltó Brian, abrazando con fuerza a la catatónica Ruth, mientras se arrellanaba todo lo que podía contra el asiento trasero del Packard.

—¡Que lo sé!

Liam revolucionó el motor del Packard. Las luces del Chevrolet de Ken Martin bañaron el interior del coche de los Finns. Todos podían ver el rostro congestionado y deforme de Ken Martin.

—¡LIAM! —gritó Angus Lancaster al tiempo que pegaba la cara contra la carrocería del coche, esperando el inminente impacto contra el otro coche.

Liam no dijo nada, sólo sonrió.

Ken Martin debió de verle sonreír. Debió de asustarse de veras. Quizá, durante una milésima de fracción de segundo, Ken Martin comprendió que el tipo ese, ese loco con chupa de cuero y media cara abrasada, no se iba a dejar amilanar. No se iba a a apartar. Durante ese pequeño e insignificante momento, Ken Martin estaba seguro que el coche de Liam McMurdo iba a embestirlo, sacarlo de la carretera y continuar con su fuga, sin arañarse siquiera.

Por eso, en mitad de la larga manzana que hay entre Bank St y Bate St, Ken Martin, dio un volantazo, esquivó al Packard Twin Six, intentó controlar su Chevrolet y acabó estampándose contra una farola que despedía intermitentes fogonazos de luz amarillenta.

Los Finns dejaron escapar su tensión, lanzando gritos y vitores. Jacob palmeó a Liam en la espalda y todos alabaron sus cojones y su capacidad de conducir… pero su felicidad fue efímera. Una ráfaga de disparos y escopetazos llovió sobre el coche, proveniente del armatoste que conducía el agente Marsh.

—¡Acabemos con esos cabrones! —aulló Colin.

—¿Alguien tiene un arma de sobra?—pidió Brian. Patry le lanzó una pistola al regazo… una Derriger del calibre 22, de dos cañones—. Será una broma.

—Es lo que tengo de sobra —contestó Patry antes de disparar.

La lluvia de plomo que bañó la camioneta de Zebediah Marsh consiguió destrozar el parabrisas, dañar el motor que comenzó a humear y arrancó un retrovisor lateral de un escopetazo.

Liam giró en la siguiente bocacalle. Un giro cerrado, que el agente Marsh no pudo igualar con su maltratada camioneta, y mientras los Finns recorrían Bates St, para luego continuar bajando por Lafayette St, Zebediah Marsh se perdió por Adam St.

—¡Sólo tres manzanas y estamos fuera de la ciudad, muchachos! —animó Liam.

Los Finns estallaron en gritos de júbilo. Tantos que no escucharon el sonido del disparo que un marcado de Innsmouth ejecutó desde el segundo piso, con su viejo fusil 30-06. No era ninguna personalidad de Innsmouth, ningún sacerdote de la orden, ningún Marsh… era simplemente un híbrido con un rifle y buena puntería.

El parabrisas trasero ni se rompió, simplemente se escuchó un quebrar, apareció un limpio agujero en el cristal y…

… y la cabeza de uno de los ocupantes del coche explotó, salpicando de sangre y sesos a todos los Finns.

Recorrido de los Finns durante su Huida
Recorrido de los Finns durante su Huida
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