Huida de Innsmouth (57): Algo Brilla en la Marisma

Thomas Connery (Infante de Marina)          –              Bea

Greg Pendergast (Fotorreportero)              –              Jacin

Annie O’Carolan (Cazadora de Libros)        –              Sarita

Greg Pendergast se metió hasta las rodillas en las aguas estancadas de la marisma, acompañado de los gritos de Thomas Connery y Annie O’Carolan.

Gritos que le llamaban. Que le imprecaban. Que le ordenaban volver.

Pero Greg había visto algo extraño en ese pequeño tramo de pantano. Algo que brillaba por la luz de los faros del viejo Ford T, de Jacob O’Neil, en cuyo salpicadero, Thomas había estado garabateando una pequeña broma para el sargento de la policía de Bangor.

“Los Finns Estuvieron Aquí” 24/10/28

Fue entonces cuando Greg, nervioso porque sus amigos no volvían de Innsmouth, y porque cada vez se escuchaban más secas detonaciones desde el pueblo maldito del valle de Miskatonic, vió el brillo. Lo estuvo mirando fijamente durante unos cuantos minutos… algo brillaba, algo pequeño e inmóvil… algo que reflejaba la luz de los faros.

La curiosidad comenzó a carcomerle… ¿y si era una trampa de los monstruosos batracios que vivía en Innsmouth? Pero… ¿y si no lo era? ¿Y si era una pista sobre el paradero de su desaparecido amigo Allen Zadoshky?

Su sexto sentido, ese sentido que los periodistas afilan tanto, como un lápiz en un sacapuntas, le atraía, le empujaba sobre ese brillo.

Sin decir nada, Greg abrió la puerta del coche, agarró su bate de baseball, y salió al pantano. Ni que decir tiene que Thomas y Annie comenzaron a decirle de todo por su insensatez, pero Greg tenía que ver qué era eso que brillaba. Thomas salió del coche con el rifle listo, buscando posibles enemigos a los que abatir y Annie continuó llamando a su amigo, mientras su nerviosa mirada encontraba monstruos agazapados en cada sombra, en cada matojo, en cada árbol podrido.

Greg llegó hasta el objeto que devolvía el fulgor de los faros.

Una pequeña placa… de metal… Una placa de policía.

Una placa cercana a su dueño… el cuerpo podrido y abandonado de un hombre. Cuando Greg lo vió, se llevó la mano a la boca y contuvo la arcada. El cuerpo llevaba meses a la intemperie, pero los carroñeros de la marisma no le habían hecho ni caso…

Básicamente, porque ningún animal se acercaba a Innsmouth, donde la especie dominante eran los batracios gigantes.

—Hay un muerto —informó Greg.

—¿Devorado? —preguntó Thomas.

—¿Sacrificado? —aventuró Annie.

—No… Cosido a balazos. Una ejecución —Greg limpió de fango la placa para leer el nombre de su dueño—. Mierda.

—¿Qué pasa? —ladró Thomas buscando enemigos escondidos.

—No, nada… es sólo que el muerto es el mentor de Jacob, Bill Forbes.

De súbito, al fondo de la carretera que unía Innsmouth con Arkham, en la parte más cercana a al pueblo, hubo un accidente. Una camioneta se salió del camino y se estrelló en el arcén. Un coche corría a toda velocidad por al destartalada pista de asfalto.

Los tres Finns no alcanzaron a ver a la achaparrada figura que se había posicionado en frente del coche que huía de la ciudad… pero si vieron otra cosa.

Otra camioneta que conducía sin tener los faros encendidos… una camioneta que Greg conocía, porque había estado siguiéndoles a Liam y a él… una camioneta en la que iban tres paletos armados hasta los dientes y con pinta de ser peligrosos.

El coche que huía de Innsmouth se las iba a ver con los Gorton… pero aún no lo sabían.

—¡Al coche! —gritó Thomas, al tiempo que Annie entraba en el asiento trasero y Greg corría hacia ellos.

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