Huida de Innsmouth (58): El Último Duelo contra los Degenerado de Innsmouth

Patry O’Connel (Buscavidas)                      –             Hernán

Colin O’Bannon (Jugador)                           –              Toño

Liam McMurdo (Conductor)                         –              Soler

Jacob O’Neil (Sargento de Policía)              –              Raúl

Angus Lancaster (Arquitecto)                      –              Garrido

Nathan Birch, el rechoncho y degenerado subcomisario de la policía de Innsmouth, estaba plantado en medio de la carretera, apuntando con su escopeta de cañones recortados, hacia el Buick que los Finns habían robado. El sibilino agente lucía la sonrisa maníaca de un tiburón y fulminó con sus malévolos ojillos a Liam McMurdo, al tiempo que le apuntaba con su recortada.

Liam no dudó y aceleró.

—Va a disparar —chilló Jacob O’Neil, bajando la ventanilla del lado del copiloto, con intención de asomarse y abrir fuego con su escopeta antes de que el desagradable subcomisario… pero el coche iba mucho más rápido.

Birch no se apartó de la trayectoria del coche.

No se iba a apartar.

Y, décimas de segundo antes de que tirase de gatillo, mientras Patry O’Connel contenía las ganas de gritar a Liam en su oreja, mientras Colin O’Bannon y Angus Lancaster se encogían en sus asientos para protegerse del futuro impacto, y mientras Brian Burnham abrazaba a Ruth, Liam encendió las luces del Buick.

Birch entrecerró sus ojillos, quedó cegado por un precioso segundo… antes de que el coche le embistiera. El subcomisario perdió la escopeta, se quedó anclado al capó del coche durante varios metros en los que consiguió escupir una maldición, antes de ser despedido del vehículo y aterrizar en la grava.

—¡Yujuuuuuuuuuuuu!—chilló Patry mientras besaba las quemaduras de McMurdo—. ¡Eso es conducir, Liam!

Y la camioneta de los Gorton les embistió por el lateral derecho.

Ambos coches zigzaguearon, mientras los conductores intentaban dominar sus vehículos. Rich Gorton, el degenerado padre, conducía la destartalada pero fuerte camioneta, con un ojo fijo sobre los Finns, que trataron de prepararse para la siguiente embestida.

El degenerado hijo mayor de Rich, Mike Gorton, masticaba un puro, luciendo una desagradable sonrisa homicida. Llevaba una escopeta de doble cañón entre las rodillas y el paleto comenzó a apuntarles con el arma.

Pero sólo Colin O’Bannon vio cómo Scott Gorton, el degenerado hijo menor de Rich, encendía un coctel incendiario.

—¡Chicos! —avisó Colin—¡Uno de esos paletos nos va a tirar algo que… ¡Fuego!

Liam se tensó en el asiento del piloto, sintiendo un calor abrasador que le recorría el lado abrasado de su cara. ¡No! ¡Otra vez no! Pisó a fondo el acelerador, pero Rich dio un volantazo, embistiéndoles de nuevo.

Angus apartó a Brian y a Ruth, sin mucha delicadeza, apuntó y disparó. El estampido hizo gritar a los Finns, reventó el cristal trasero y  parte de la carrocería…

Y también le destrozó la cara a Mike Gorton antes de que pudiera dispararles. Rich Gorton sintió como la sangre de su hijo le salpicaba el rostro y observó atónito, como la cabeza destrozada de su primogénito caía como un ladrillo sobre la guantera de la camioneta. Gritó, enajenado, al tiempo que se llevaba la mano a la entrepierna, bajo la cual tenía una pistola automática del calibre 45 con la que iba a matar a los bastardos que habían asesinado a su hijo.

Scott Gorton también se vengó por la muerte de su degenerado hermano. Arrojó el cóctel incendiario y la botella se estampó en el techo del Buick, deflagrándose por todo el techo. Liam chilló, intentando controlar su terror. Patry, se encogió en su asiento y Colin disparó a través del cristal e hizo blanco sobre Scott Gorton, que cayó herido sobre el suelo de la parte de atrás de la camioneta.

Y Jacob, abrió la puerta del Buick, se asomó, por encima del rugiente capó del coche, apuntó con su escopeta y disparó…

Jacob reconocería después que no supo muy bien donde acertó. Si al parabrisas, al motor, a la rueda… pero todos recuerdan el resultado:

La camioneta de los Gorton se zarandeó a la derecha, se salió de la calzada, chocó contra el terraplén, volcó, pero no aminoró la velocidad sino que comenzó a dar vueltas de campana por la marisma, al tiempo que explotaba y se convertía en una bola de llamas.

Los Finns querían gritar de ánimo, de felicidad… Pero aún estaban en guardia… Aún estaban en las afueras de Innsmouth, aún podían ser atacados, aún no habían huido.

De hecho, los faros de un coche que conducía en dirección contraria a la de ellos les iluminaron. Liam, sudoroso y aterrado por las llamas que continuaban devorando el techo del coche, apretó el acelerador, gritando de rabia, dispuesto a chocar contra los nuevos enemigos.

Y el coche que venía de enfrente, les hizo señas con las luces y tocaron el claxon.

—Son ellos —chilló Patry—¡Thomas, Greg y Annie! ¡Son ellos!

Los Finns les hicieron señas, pero no pararon, continuaron conduciendo, saliendo de las marismas que rodeaban el pueblo maldito de Innsmouth. Aunque el coche robado por Brian, ardía, continuaron conduciendo hasta llegar a la carretera que unía Ipswich con Arkham, la carretera que llevaba a casa.

Y los Finns huyeron de Innsmouth.

y…

Thomas Connery (Infante de Marina)          –              Bea

Greg Pendergast (Fotorreportero)              –              Jacin

Annie O’Carolan (Cazadora de Libros)        –              Sarita

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