La Redada (2) La Propuesta de J. Edgar Hoover

Los Finns habían llegado hasta el edificio federal de Boston, cada uno en un coche negro conducido por un agente federal y el individuo que les había “invitado” a venir. Una simpática y profesional secretaria les había ido pasando a una sala de espera hasta que estuvieron todos los miembros de la cuadrilla.

Todos menos Brian Burnham.

―Es imposible que localicen a Brian ―susurró Angus Lancaster.

―Mira no sé lo que conseguirán tus contactos ―comenzó Patry O’Connel―, pero a mi estos tipos me detuvieron en medio de un… trabajo… y nadie me había pillado en medio de uno, ¿sabes? Esta gente tiene muchos contactos, influencias y…

―Psssst ―avisó Thomas, al tiempo que se abría la puerta de la sala de espera.

Era la secretaria, que con una profesional sonrisa les invitó al despacho de J. Edgar Hoover. El gran despacho tenía ocho cómodos butacones ante su escritorio, vacío de las típicas fotos familiares que habitaban en los escritorios de todo el mundo. El Director del Bureu Federal de Investigación del Departamento de Justicia de Estados Unidos, está sentado tras su ostentoso escritorio de roble. A su derecha está el sonriente agente Mackey, a su izquierda se haya el tipo pequeño y rechoncho, con cara de bulldog avinagrado, que responde al nombre de Superintendente Ryan.

Hoover esperó a que los Finns tomaran asiento antes de comenzar a exponer su caso.

―Caballeros, señoras. Seremos francos y directos con ustedes porque no hay tiempo que perder. El gobierno de su país solicita su ayuda en un asunto de enorme importancia. Ustedes ya están familiarizados con la ciudad de Innsmouth y creo que no necesitan que les explique por qué su gobierno se ha visto implicado en el asunto. Una larga investigación llevada a cabo por este departamento ha revelado la necesidad de tomar medidas rápidas y contundentes contra las actividades criminales generalizadas en esa ciudad. Se han violado numerosas leyes federales e interestatales: conspiración para el transporte de alcohol de contrabando, secuestro, asesinato y, posiblemente, trata de blancas. No será necesario que entre en detalles de las viles y repugnantes prácticas a las que se han abandonado algunos de esos criminales y asesinos… por no hablar de los rumores. Aunque el cálculo es inexacto, suponemos que al menos la mitad de los habitantes de la ciudad están implicados en una conspiración criminal y que en ella llegan a participar las familias más poderosas de la ciudad.

»Sobra decir que en una acción policial de esta magnitud debe realizarse con discreción, no sólo para evitar alertar a los criminales de Innsmouth, sino también porque… algunos… podrían verla como una violación de los derechos Constitucionales. Jamás ha llegado a declararse la ley marcial federal en toda una ciudad, pero el gobierno cree que no queda alternativa.

»Por tanto, antes de poder seguir hablando debo pedirles que firmen estos documentos. Son Juramentos de Secreto, y les obligan a no revelar jamás ninguno de los acontecimientos que presencien o en los que tomen parte durante los días siguientes.

»Si lo desean pueden no firmarlos y en tal caso serán escoltados a unos alojamientos en el sótano del edificio. Según la ley, podemos retenerles durante un máximo de 72 horas sin presentar cargos o llevar a cabo una detención. No deseamos molestarles pero, debido al secreto necesario para esta operación es esencial que mantengamos la seguridad. Se tendrán en cuenta sus necesidades y se hará todo lo posible para que estén cómodos.

»Si firman, además de pasar a formar parte de la redada como “Asesores Civiles Especiales” o “ACE”, el gobierno les obsequiará con una gratificación de 2000$, les serán saneados sus historiales criminales y… dispondrán de un buen amigo en el Departamento de Justicia.

»El gobierno precisa de su ayuda dada su experiencia  ya que, al parecer, ustedes saben tanto o más de la ciudad de Innsmouth que lo que nosotros hemos sido capaces de averiguar. Queremos que cada uno de ustedes acompañe a un grupo diferente de los que van a participar en la redada, actuando como asesores y expertos. Entraran en la ciudad, se verán envueltos en las operaciones y estarán a las órdenes de oficiales militares. Deben comprender que la participación implicará cierto riesgo personal porque esperamos cierta resistencia armada.

»Así pues, ¿están dispuestos a ayudar a su gobierno?

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