La Redada (4) La Instrucción

El Coronel Rothler dio buena cuenta del whiskey del Agente Mackey, luego se apartó para que el Superintendente Ryan, comenzase a  exponer a grandes rasgos la situación en Innsmouth.

El superintendente se centró en la sospecha de secuestros, asesinatos y contrabando de alcohol. Según su informe la degenerada secta religiosa parecía ser la causa fundamental de tales actividades, y los Marsh eran considerados, si no artífices, cómplices.

Colin O’Bannon alzó una mano cuando Ryan hubo terminado.

―No han dicho nada de los profundos.

―Perdón ―comenzó el fondón capitán Corso― ¿los qué?

―Loss Profundoss ―contestó el Doctor Ravana Najar, el Asesor Civil que no era un Finn―. Ssegún muchoss libross sson una esspecie, ¿ssí? que viven  en el mar. Hombress pes, ¿ssí?

―Está visto que no somos los únicos que creemos en monstruos ―comentó Greg Pendergast.

―¿Acaban de decir monstruos, hombres pez y no se avergüenzan tras tales zarandajas? ―espetó el Capitán Hearst―. Son ya mayorcitos para esas paparruchas, ¿no creen?

El Superintendente Ryan se aclaró la garganta.

―Corren muchos rumores acerca de… cierta degeneración en la piel y el aspecto de los habitantes de Innsmouth. Algo que se denomina la Marca de Innsmouth…

―No, yo me refiero a monstruos marinos, señor ―interrumpió Greg, pero Ryan le ignoró.

―Los habitantes del pueblo están afectados por terribles malformaciones… eso y las leyendas locales han generado un clima de miedo, muy propicio para que la gente con imaginación se forme ideas preconcebidas y…

―¡Esto es el colmo! ―se quejó Annie O’Carolan.

―Ya me reiré yo cuando esas ideas preconcebidas le muerdan el culo ―espetó Colin.

―Tengo fotos que atestiguan esas “ideas preconcebidas”, señor ―siseó Greg con los dientes apretados.

Un silencio sobrecogedor llenó la sala. En un parpadeo el Agente Drew estaba junto a Greg. De hecho estaba a la espalda de Greg, y lucía una vampírica sonrisa en su rostro lechoso.

―Me encantaría ver esas fotos, si no es una molestia.

Mientras Greg le acercaba al siniestro agente, su libreta de notas, llena de fotos de la Huida de Innsmouth, el Coronel Rothler tomó el control de la situación con su potente voz.

―¡Caballeros! ¡Señoritas! Tengo tres barcos, un submarino, 15 camiones, 7 coches oficiales, más de 500 armas operativas, más de 5000 cartuchos de munición, galones y galones de combustible… y 300 hombres armados, entrenados, motivados y preparados para enfrentarse a lo que sea, desde la secta esotérica, a gangsters o a… monstruos submarinos.

―No, no lo están ―murmuró Liam McMurdo recordando el agua de mar inundarle los pulmones.

―Pero discutir cómo niños pequeños tampoco será de ayuda ―terció Greg―. Si no quieren creernos que no nos crean. Ya descubrirán la verdad, por las malas.

Greg se giró hacia el Agente Drew… pero este ya no estaba en la sala. Nadie había notado su ausencia.

Rothler se acercó hasta un caballete donde figuraba un mapa de Innsmouth. Usó el gran puro como si fuera un puntero y comenzó a señalar la ciudad.

―Hay numerosos objetivos que debemos conseguir, pero la captura e interrogatorio de los ciudadanos de Innsmouth es de suma importancia. Para conseguir esto, varios grupos pequeños de infantes de marina penetraran en la localidad y capturarán directamente a los ciudadanos o provocarán que huyan hacia el campo, donde serán interceptados por los bloqueos en las carreteras y las patrullas de marines que barrerán la zona desde el oeste en dirección a la ciudad. Es intención del gobierno que haya un número mínimo de bajas civiles, evitar que cunda el pánico y no atraer la atención de la prensa.

Varios de los Finns y el Superintendente Ryan miraron a Greg en ese momento.

―¿Qué?

El Coronel Rothler continuó con su explicación:

―El ataque coordinará los esfuerzos de varios grupos que actuarán por separado. Para el Plan es esencial la toma de la Orden Esotérica de Dagon, sede del culto religioso, tarea que ha sido encomendada a dos escuadras de infantes de marina dirigidas por el Capitán Corso.

Corso se levantó, hizo un leve y enfático asentimiento con la cabeza y volvió a sentarse.

―Las escuadras de Corso entraran en la ciudad por el oeste, camufladas de blanco, y se desplazarán por el río helado usando el barrando como cobertura. Saldrán por el puente de Federal Street, se dirigirán al norte hasta New Church Green, entrando en la logia por la puerta principal, si es posible. Debe tomarse prisionero a todos los líderes que puedan encontrarse en el interior. Se les podrá identificar por la túnica aguamarina y puede que ostenten coronas o tiaras de oro. Los marines tienen orden de disparar si fuera necesario.

―Por el río nada más empezar, de puta madre ―se quejó Liam.

El Agente Mackey pidió silencio y el Coronel Rothler movió su puro hacia el Director J.Edgar Hoover.

―Mientras tanto, tres coches de los agentes del Tesoro y el FBI de los EEUU, comandados por el Director Hoover y con la colaboración especial del Doctor Ravana Najar, entrarán en Innsmouth por el norte, hasta la mansión Marsh. Cuatro hombres por la entrada principal en Washinton Street, tres por la trasera en Lafayette Street y tres más desde Martin Street, con la misión de apresar al cacique Barbanas Marsh junto al resto de sus familiares, implicados en diversos actos delictivos.

El Coronel Rothler le dio una larga calada a su puro antes de proseguir.

―El tercer objetivo estará dirigido por el Teniente Doud.

El teniente Doud clavó una impúdica mirada en Patry, sonrió engreído y alzó la cabeza a modo de saludo. Patry estuvo tentada de enseñarle su dedo medio, pero la presta mano de Thomas impidió el gesto.

―Al mando de dos escuadras de infantes de marina, usarán botes de remos para recorrer la red de cavernas subterráneas y túneles que hay en la parte norte de la ciudad ―El Coronel Rothler apuntó con su puro alrededor de la zona elegida―. En su día, estas cavernas fueron utilizadas por contrabandistas. Tenemos razones para creer que en la actualidad podrían estar siendo usadas como parte de una operación de trata de blancas. El Teniente Doud y su grupo deben buscar pruebas de esto, además de demoler posibles almacenes en los que se suministre alcohol y los cimientos de la refinería.

―¿Estamos hablando de monstruos marinos y a ustedes se les ocurre meterse en unos túneles inundados? ―se quejó Colin―. ¿¡Son suicidas o qué!?

Rothler ignoró la puya de Colin y aprovechó para darle una calada a su puro. Fue el director Hoover quien habló.

―Disponemos de alojamientos en el sótano para que permanezca allí durante las próximas 72 horas. Quizá se encuentre más cómodo allí, señor O’Bannon.

Colin se cruzó de brazos refunfuñando. El Coronel Rothler expelió una bocanada de humo antes de señalar al oficial de la marina sentado a la mesa.

―La guardia costera nos ha facilitado la ayuda del capitán de fragata Hearst.

El flamante capitán alza la mano enérgicamente.

―El capitán Hearst dirigirá tres barcos cuya misión será patrullar el litoral de Innsmouth. Algunos de los delincuentes podrían huir en bote y es responsabilidad del Capitán Hearst que no puedan hacerlo.

El Coronel da otra calada a su puro y lo apaga contra el mapa de Innsmouth, más allá del Arrecife del Diablo.

―Debido a una inevitable operación de rescate, el Comandante Harrow, de la Marina de los EEUU, no ha podido asistir a la reunión. Se espera que su submarino, el S-19, llegue a puerto durante la siguiente hora. Allí le esperan sus órdenes a sobre cerrado.

Rothler se giró hacia los Finns, apuntándoles con sus acerados ojos.

―Los “Asesores Civiles Especiales” tienen conocimientos de Innsmouth y participaran en los Objetivos de la siguiente forma:

»Objetivo Uno: La Orden Esotérica de Dagon. Dos de los ACEs con buena salud y hábiles con las armas de fuego partirán junto al Capitán Corso.

»Objetivo Dos: La Mansión Marsh. El Director Hoover contará con el Doctor Ravana Najar y otro de ustedes, alguien con buenas habilidades para el subterfugio.

»Objetivo Tres: Los Túneles de los Contrabandistas. Dos ACEs preparados para el combate cuerpo a cuerpo, al fuego y sin miedo a nada, deberán internarse bajo tierra junto al Teniente Doud y sus hombres.

»Objetivo Cuatro: El Arrecife del Diablo. Dos ACEs estarán bajo el mando del Capitán Hearst. Si todo va bien no deberían tener enfrentamientos físicos, pero el Capitán me ha recomendado que sepan nadar, no quiere tener que estar pescándoles en medio de todo este barullo.

»Y por último, el Objetivo Cinco: El Submarino S-19 capitaneado por Robert Harrow. Ningún claustrofóbico, esas latas de sardina agobian a los más débiles de mente, Harrow quiere a alguien pequeño y de carácter fuerte.

Rothler lució una gran sonrisa. Una sonrisa jurásica.

―Ustedes deciden.

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