La Redada (6) Es la Hora

Patry O’Connel (Buscavidas)                      –             Hernán

Thomas Connery (Infante de Marina)          –              Bea

Annie O’Carolan (Cazadora de Libros)        –              Sarita

Liam McMurdo (Conductor)                         –              Soler

Colin O’Bannon (Jugador)                           –              Toño

Greg Pendergast (Fotorreportero)              –              Jacin

Jacob O’Neil (Sargento de Policía)              –              Raúl

Patry O’Connel (Buscavidas)                      –             Hernán

Cuando el infante de marina con aire de paleto sureño entró en la sala y llamó a Annie, Thomas, Jacob, Colin y Greg un denso silencio invadió la sala donde habían estado esperando.

Era el momento. Habían estado un rato hablando, riendo, recordando los viejos tiempos, alejándose un poco de lo que les estaba esperando. Pero era el momento, la hora había llegado.

Esos cinco Finn partirían hasta el guardacostas Urania, donde navegarían hasta las cercanías del Arrecife del Diablo. Allí, una barca llevaría a Annie O’Carolan hasta el submarino S19. Colin O’Bannon y Greg Pendergast se unirían a las escuadras de marines que se internarían en los túneles de los contrabandistas. Thomas Connery y Jacob O’Neil vigilarían desde el Urania.

Las despedidas fueron cortas, contenidas. Los nervios y la tensión les superaban. Pensar en Innsmouth, en volver al pueblo maldito, a sus calles estrechas, sus casas decrépitas y enfrentarse a los fanáticos habitantes de los que habían huido, provocaba en ellos diferentes sensaciones.

Querían huir, querían encerrarse en las celdas del sótano de las que había hablado J.Edgar Hoover, esconderse bajo una manta y esperar a que todo pasara, a que las fuerzas militares incendiaran Innsmouth y todas sus pesadillas no fueran más que humo en el viento.

Y también querían sangre. Querían disparar un arma hasta que las balas se acabasen, querían ver grandes ojos saltones abiertos, mirando al cielo, muertos, sin vida. Querían lanzar la cerilla sobre la gasolina que prendiera las casas de Innsmouth y la maldita Orden Esotérica de Dagon.

Un militar pelirrojo entró tras llamar a la puerta. Buscaba a Liam McMurdo y Angus Lancaster, que le acompañaron hasta una pareja de camiones militares donde estaba el grupo de asalto a la Orden Esotérica de Dagon.

Sólo quedó Patry O’Connell.

― ¿Nerviossa? ―murmuró una voz sibilante desde una esquina de la sala. Era el Dr. Ravana Najar, el pequeño hindú con grandes anteojos que había pasado desapercibido.

― ¿Usted no? ―preguntó Patry  luciendo su mejor sonrisa.

― Ssoy… una perssona… tranquila.

―Yo soy puro nervio.

―Sse aprecia con un ssólo ¿visstazo? ¿Ssí?

―Nosotros estuvimos en ese pueblo… intentado salvar a un amigo que… bueno es largo de contar. Y ese poli, Mackey , nos vió y nos investigó. Así hemos llegado hasta este, tinglado… ¿cómo ha acabado usted aquí?

―¿Yo? Eeeh Yo… ―Un inquietante brillo de diversión se dibujó en los ojillos del Doctor Najar―. Tengo… miss contactoss… ¿Ssí?

Patry sintió un intenso escalofrío arañándole la espalda y mordiendo su nuca cuando la puerta se abrió, y Lucas Mackey asomó la cabeza.

―Es la hora.

El Inquietante Doctor Ravana Najar
El Inquietante Doctor Ravana Najar
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