La Redada (10) El Asalto a Marsh Manor

La Redada (10) El Asalto a Marsh Manor

Coche1 Entrada Principal

Director de la Agencia de Investigación  J. Edgar Hoover

Superintedente Albert Ryan                                                     –             Bea

Patry O’Connel (Buscavidas)                                                      –             Hernán

Dr. Ravana Najar

Coche2 – Entrada Lateral

Agente Lucas Mackey                                                                  –             Sarita

Agente Ashbrook                                                                          –             Toño

Agente Eddie Drotos                                                                    –             Raúl

Agente Fox Mülder

Coche 3 – Entrada Trasera

Agente Peter Hill                                                                           –             Garrido

Agente Mathew Cohle                                                                –             Soler

Agente Woody Hart                                                                     –             Jacin

Agente Dana Excaly

Tres potentes sedanes negros irrumpieron en las calles de Innsmouth cuando el caos aún no se había desatado. El amanecer no era más que una línea pálida en un oscuro horizonte, pero los diez avezados agentes no temían a nada. Patry sí. Había visto los horrores que habitaban en Innsmouth y temblaba al pensar en lo que podía encontrarse en la Marsh Manor.

―Al menos no estás en los túneles ―se dijo así misma.

―¿Ha dicho algo, señorita O’Connel? ―preguntó desde el asiento del copiloto el serio director Hoover.

―No, nada…

El vehículo de Hoover se detuvo cerca de la entrada principal de Washintong st. El segundo coche en el que iba el equipo del simpático agente Mackey aparcó en Martin st., dejando al conspirador agente Mülder al volante, mientras los agentes Mackey, Ashbrook y Drotos se internaban entre casas abandonados y un bosquecillo mal cuidado hasta la verja norte que debían de sortear. El tercer automóvil aparcó en Lafayette st. dejando a la agente Excally de refuerzo mientras los agentes Hill, Cohle y Hurt intentaban asaltar la entrada trasera.

Patry amartilló el colt del calibre 45. Hoover cebó su escopeta corredera de calibre 12. El superintendente Ryan sacó una diminuta pistola de calibre 32. El Doctor Ravana Najar no llevaba más que su bastón.

―¿Va a entrar desarmado? ―espetó Patry, mientras Hoover cronometraba el inicio de la redada.

―Ooooh… No me gusstan las armas de fuego ¿ssí? ―el enigmático hindú levantó con el pulgar la cabeza del bastón, luciendo un estoque―. Pero voy protegido, ¿ssí?

Hoover ordenó silencio y todos escucharon el petardeo de armas de fuego. Algunos de los invasores de Innsmouth habían hecho fuego. Hoover chasqueó la lengua y salió del coche.

La mansión Marsh era un gran caserón de dos pisos, situado en el centro de unos cuidados jardines y rodeado por una potente verja de hierro fundido. La gran entrada principal estaba cerrada a cal y canto. Patry se acercó a la puerta, se sacó una horquilla y hurgó con ella en la cerradura, buscando abrirla. Hoover miró entre las rejas y chasqueó los dedos y señaló al frente. Había un camino que se deslizaba por el cuidado césped salpicado de arbustos y arbolitos, rodeaba una fuente en la que dos delfines de basalto habían quedado congelados en medio de un salto y desembocada en la entrada principal… donde había alguien.

El comisario Martin, de la policía de Innsmouth, envuelto en un buen abrigo de piel de zorro y aparentemente desarmado.

Algo parecido les había ocurrido a los asaltantes que entraron por detrás. La puerta trasera estaba abierta de par en par y Hill, Cohle y Hart se internaron en completo silencio, sorteando el camino empedrado que llevaba la casa e internándose por el jardincillo hasta que vieron la parte trasera de la casa.

Un gran Studebacker Dictator estaba abierto de par, con varias maletas y un cofre a su alrededor junto a un Dodge bastante estropeado y una camioneta Chevrolet que parecía ajena a ese lugar. Y vieron al monstruoso agente de Innsmouth, Elliot Ropes metiendo un pesado baúl en el maletero del Studebacker.

―¿Según los informes ese tipo grande no estaba muerto? ―preguntó Hart cebando la escopeta de calibre 12 que llevaba.

―¿Aún te fías te los informes? ―se mofó Cohle dejando sobre la hierba su escopeta.

Hill les mandó callar y oteó el panoraba. Sólo estaba Ropes, un tipo enorme, que podía darles problemas y que tenía un revólver del 38 asomándose por la parte trasera del pantalón… pero eran tres agentes entrenados y con el factor sorpresa de su lado.

Aunque si esta gente estaba haciendo las maletas para salir por patas de la ciudad, era porque sabían la que se les avecinaba… alguien había cantado, alguien había dicho que el gobierno de los Estados Unidos iba a caer sobre Innsmouth esa noche.

Había un topo en el Proyecto Alianza.

Hill imitó a Cohle y dejó la escopeta en suelo e hizo señas a sus compañeros para informar del plan de ataque. A la de tres, y sin hacer ningún ruido, los tres agentes se lanzaron sobre Ropes, cuando el gigante se volteó, Hill le había arrebatado la pistola y Hart y Cohle lo empujaron adentro. Ropes consiguió lanzar un lamento de sorpresa, antes de que Hart le apresase  y comenzara a asfixiarlo hasta noquearlo.

Cohle accionó su navaja automática, ganándose una mirada reprobatoria de sus compañeros, pero el serio agente se agachó ante las ruedas del coche y hundió la afilada hoja en el caucho. El Agente Hill esposó a Ropes, Hart le tapó la boca con un pañuelo y cerraron el maletero.

Con las llaves dentro.

El orondo Lucas Mackey saltó con agilidad la verja de la mansión de los Marsh. El joven agente Drotos se quedó congelado mirando tras las enredaderas.

―¿Qué coño haces, Drotos? ―siseó el alto y siniestro agente Ashbrook, al tiempo que arrojaba su escopeta y la de Mackey al otro lado de la valla para que su compañero las cogiera.

―Creo haber oído algo ―dijo Drotos mirando al otro lado.

―Chico ―Drotos se volvió hacia Ashbrook, que le agarró de la garganta y lo aplastó contra la verja―, que te quede claro una cosa. Me importa un cuerno quien sea tu tío. Cómo me jodas durante la redada, te pego un tiro por la espalda.

Ashbrook le soltó con desprecio y comenzó a trepar con dificultad la verja, su gabardina se había enredador a unas zarzas.

―No serías el primero ―terminó de amenazar mientras bajaba.

Cuando cayó al suelo, las enredadas zarzas que había a sus pies comenzaron a moverse.

―¿Pero qué coño…?

Las zarzas se arrastraron por el suelo hasta una figura oculta tras un árbol… un hombre, gordo, recubierto por maleza que les miraba con unos grandes y llorosos ojos verdes, mientras a su alrededor zarzas y enredaderas comenzaban a moverse… solas. El tipo alzó un dedo acusador y al tiempo que Ashbrook sacaba su pistola, aulló:

―¡Intrusos! ¡Aquí! ¡Intrusos!

Ashbrook le apuntó, pero las zarzas le atacaron, su disparo se estrelló contra un árbol. Drotos apuntó, pero con la verja en medio no tenía tiro fijo, pero Mackey sí. El agente alzó su colt 45 y disparó un tiro bajo, a las piernas. La bala atravesó el gordezuelo muslo del hombrecillo, salpicando de sangre hierba y arbustos. El tipo cayó al suelo, agitando y gimoteando.

―¿Quién coño es este tipo? ―gruñó Ashbrook sin dejar de apuntarle.

Mackey se acercó. Supo que su disparo había sido demasiado efectivo al ver el gran charco de sangre que se formaba bajo el cuerpo del tembloroso hombrecillo. Las zarzas se alejaron de él muy rápido, descubriendo a un tipo gordo, calvo, vestido con un mono de trabajo gris.

―Es Lester Davis, el jardinero de los Marsh ―Lester le dirigió una lastimera mirada al tiempo que su piel palidecía, sus labios se amorataban, su cuerpo tiritaba… y dejó de respirar.

Drotos saltó la valla.

―¿No teníamos órdenes de apresar, no matar? ―preguntó el joven agente.

―La mierda salpica ―informó Ashbrook con dureza―. Ten cuidado que no te salpique a ti también.

Los tres agentes cogieron sus armas y se encaminaron hasta la entrada al salón de baile, avistaron entre los árboles la cristalera y cuando se acercaron hasta el extremo derecho de la casa una pareja de disparos salpicó la pared en la que estaban.

El Comisario Martin había oído los gritos de Lester Davis, dejando la entrada principal y cuando les vio salir de la espesura, se apostó en la esquina de la casa y abrió fuego.

El disparo del comisario de Innsmouth asustó a Patry y su horquilla se rompió en la cerradura.

―Maldita sea ―se quejó el superintendente Ryan ―mira que hemos especificado que no abriesen fuego a no ser que fuera…

―¿Qué ocurre, señorita O’Connel? ―le cortó Hoover.

―Se me ha roto la horquilla… esta cerradura es muy pesada y…

―Me permite, ¿ssí?―dijo Najar.

El tiroteo se sucedía en el lateral de la casa, Hoover y Ryan miraron en esa dirección y el Dr. Najar pasó la mano por encima de la cerradura… y esta se abrió Patry le miró pasar, sin hacer ruido e internarse cómo una sombra en el jardincillo de la entrada… ¿Cómo lo había hecho? Hoover y Ryan se internaron por el jardincillo y avanzaron sin problemas hasta la entrada principal.

Los escopetazos en respuesta al tiroteo del comisario Martin, de Ashbrook y Mackey destrozan la esquina en la que se parapetaba el policía. Las esquirlas de piedra les destrozan la cara y le arrancan la pistola de la mano. Drotos se arroja al suelo y dispara con su escopeta, y su perdigonada impacta sobre el comisario arrojándolo al suelo.

―¿No teníamos órdenes de apresar, no matar? ―dijo Ashbrook con sorna.

―Ya basta ―terminó Mackey―. Drotos, compruebe si el comisario Martin está vivo. Ashbrook a la entrada.

Drotos se acercó hasta el comisario, pero no pudo asegurarse si vivía o estaba muerto. Aún así le esposo mientras Mackey y Ashbrook entraban en la sala de baile… donde les recibió una descarga de perdigones. La puerta por la que acababa de pasar el agente Ashbrook saltó en pedazos, cubriéndolo de astillas que le arañaron la piel. Ashbrook disparó a ciegas y buscó cobertura tras una columna de mármol rosado. Mackey se cobijó contra el marco de la puerta y echó un vistazo. Una sala grande, columnas de mármol, baldosas en el suelo, una gran cristalera, un piano… y tras el piano un un tipejo  grande y ancho de espaldas, con calvicie incipiente y ojos saltones que vestía un uniforme marrón.

Mackey le reconoció enseguida. Había vigilado con esmero la refinería Marsh y ese tipo el guarda de seguridad, Robert Ballant.

―¡Agentes federales, señor Ballant! ―gritó Mackey―. Hágase un favor y deponga las armas, porque tenemos permiso para abatirle si…

Le contestó el escopetazo de Ballant  arrancando el marco de la puerta.

―Cómo quieras.

En la entrada trasera, los agentes Hill, Hart y Cohle alzaron la cabeza ante el tiroteo que escuchaban.

―Parece que la diversión está en otro lado ―dijo Cohle pinchando otra rueda a la furgoneta, ninguno de los tres vehículos podría servir para una fuga rápida.

Hart se acercó a mirar por una ventana cercana, creyendo ver figuras tras el cristal… y alguien desde el interior le disparó. La bala le rozó el brazo y otro disparo más atravesó el cristal. Cohle se arrojó al suelo, Hill alzó su pistola y disparó contra el cristal, pero las balas sólo destrozaron la ventana. Al otro lado había un hombre muy alto y muy delgado, siniestro, vestido con un frac negro, con guantes blancos y profundos ojos negros que les apuntaba con una pistola de 9 mm. Disparó de nuevo impactando a Hill en el hombro. Hart se asomó y descargó su escopeta contra el tipejo y otro certero disparo de Hill lo abatió.

Norvell Hastings, el mayordomo de los Marsh, había sido abatido. Hart apartó los restos de cristar de la ventana del salón con la culata de su escopeta y entró en la estancia donde una decrépita anciana miraba embelesada un cuadro y otra mujer, más joven, pero fea y de aspecto marchito, se acurrucaba en un rincón con las manos en alto, tenía ante ella una bolsa de lona llena de pequeñas estatuillas de piedra verde.

Cohle y Hill, armados con sus escopetas, entraron tras Hart y tras leer los derechos a las mujeres, las esposaron.

No sin antes quedar impresionados ante el horrible cuadro que la anciana no paraba de mirar y que rezaba: Barbanas Marsh.

Barbanas Marsh
Barbanas Marsh

En la entrada principal, el superintendente Ryan llegó ante la puerta y miró por el ojo de la cerradura, a tiempo de ver como alguien al otro lado echaba el cerrojo.

― ¡Alto en nombre de la ley! ―aulló Ryan―. Abrán esta puerta de inmediato… abrán…

Hoover se plantó a su lado y disparó con su escopeta sobre los goznes de la puerta. El director del FBI y el superintendente la echaron debajo de dos severas patadas y ambos, al igual que Patry, vieron a un hombre correr escaleras arriba.

Un hombre que vestía un uniforme de policía… el agente Zebediah Marsh.

Al mismo tiempo, Ashbrook intentó tomar posición tras otra columna, pero en su carrera tropezó y cayendo de boca al suelo, quedando expuesto ante Ballant. El guarda se alzó con la esopeta en ristre, pero un estampido tras el ventanal le hiere. Drotos cargó la escopeta desde afuera y Ballant le devolvió el fuego, hiriéndole. Mackey y Ashbrook dispararon contra él, destrozando el piano. Ballant, ensangrentado, se retorció por el suelo intentando huir hasta que Drotos atravesó los restos del ventanal y le disparó en la espalda.

―¿Estás empezando a tomarle el gusto a esto, verdad? ―preguntó Ashbrook.

Mackey, guió a Drotos y a Ashbrook hasta el hall de la casa, donde se reunieron con Hoover, Ryan y Patry O’Connell. Del salón emergieron Hill, Cohle y Hart.

Un par de disparos perdidos desde las escaleras pusieron a todos en tensión.

Hoover tomó el mando:

―¡Mackey! Usted y su equipo atrapen a ese hombre. Utilicen la fuerza que sea necesaria, esta gente no se anda con bromas. Agentes Hart y Cohle, revisen el ala oeste de la casa y suban por las escaleras de ese sector para poder atrapar al fugitivo ―Hoover se volvió hacia Patry―. Señorita O’Connel, usted y el doctor Najar… ¿Dónde demonios está Najar?

El doctor Ravana Najar había desaparecido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s