La Redada (16) Dentro de la Orden Esotérica de Dagon

ORDEN ESOTÉRICA DE DAGON

Escuadra Apod

Capitán Anthony Corso

Cabo “The Kid” Ditullio (Boxeador)                                                        ―                           Sarita

Cabo Interino Rowan (Ingeniero Químico)                                         ―                           Raúl

Soldado 1ª “Leprechaun” O’Brien (Ladrón)                                        ―                           Bea

Soldado 1ª “Bullseye” Dalton (Cazador)                                               ―                           Toño

Soldado 1ª “Estatua” Drake (Jugador de Baseball)                          ―                           Jacin

Soldado Raso “El Muro” Rondale (Jugador de Fútbol Americano) ―                      Hernan

Liam McMurdo (Conductor)                                                                     ―                           Soler

Angus Lancaster (Arquitecto)                                                                  ―                           Garrido

Escuadra Sky

Sargento “Sarge” Emile Kowalsky

Cabos Grabatowsky y Wozniasky

Soldado Raso Davronowsky

Soldados 1ª Caronosky, Kozlowsky, Muskowsky y Prochowsky

Soldado de Primera Hammer (Experto en Explosivos)

La escuadra Apod se había lamido las heridas y recargado sus armas. El coche que Liam McMurdo había puenteado bloqueaba el callejón, pero de poco serviría si una horda de innsmouthitas se decidía por pasar por encima del coche y atacarles, tenían que darse prisa en entrar en la Orden Esotérica de Dagon.

Ante ellos había una gruesa pared de piedra negra, sin ventanas, la única entrada era una sólida puerta de madera, sin pomo, pero con una oxidada cerradura. Angus Lancaster descubrió el símbolo masónico que indicaba que se trataba de la puerta trasera a la logia. El capitán Corso se acercó hasta ella  y justo cuando se apoyó en la hoja el suelo tembló bajo sus pies.

Todos, soldados y civiles, se quedaron durante unas décimas de segundos, sobrecogidos ante la explosión que tuvo lugar cerca del puerto. Parecía que un pequeño Vesubio hubiera entrado en erupción, devorando tres o cuatro edificios al noreste de la ciudad y reventando cristales por todo el pueblo maldito.

―Joder, con la escuadra Sky ―murmuró Leprechaun O’Brien.

―Coño, Rowan ―se mofó El Muro Rondale―, no sabía que habías venido a la misión. No has hecho una mierda hasta ahora… para variar.

―Muy gracioso, Muro. Pero que muy gracioso.

―Psssst ―chistó el cabo The Kid Ditullio.

Estatua Drake que se había colocado junto al capitán Corso, pegado a la puerta, tratando de escuchar algo, alzó la mano.

―Aquí detrás hay algo ―informó―. Algo que respira.

―Pues patada a la puerta y que le dé en la boca ―propuso Billy Rowan.

― Buena idea ―exclamó Rondale, y antes de que nadie dijera nada, el defensa de los Buffalos del Instituto Chambers, de Iowa, cargó contra la puerta y descargó su hombro sobre la hoja de madera… que crujió, pero no se terminó de abrir del todo.

Ditullio maldijo entre dientes la falta de juicio de Rondale, antes de descarga una buena patada en la dañada puerta, consiguiendo romper el cerrojo y abrirla.

Y permitiendo que la cosa del otro lado saliese.

Todos se quedaron bloqueados ante la aparición del guardián de la puerta. Hacía tiempo fue un hombre de innsmouth, un marcado que respondía al nombre de Joshua Bentley, pero a diferencia de muchos de sus amigos y familiares, a los que la marca había transformado progresivamente en profundos, a Bentley le había deformado en otra cosa diferente. Su cuerpo era grande, pesado, de piel gelatinosa, grasienta, con sus manos deformadas en garras de dedos palmeados… pero lo más inquietante era su cabeza, convertida en una sepia repleta de tentáculos culebreantes y de ojos velados en amarillo.

Joshua Bentley, Bendecido por Cthulhu
Joshua Bentley,                      Bendecido por Cthulhu

Entre los profundos, estos hermanos diferentes eran tratados como héroes de su especie, pequeños y monstruosos milagros a los que se les concedían objetos y beneficios, y que pasaban a disposición de la Orden Esotérica de Dagón, donde les educaban en la magia y las artes oscuras de los mitos de Cthulhu, el cual les había bendecido con esa forma horrible.

Un pálido Billy Rowan disparó su fusil. La bala atravesó las entrañas a la criatura que alzó su rostro, mientras los tentáculos bailaban sobre su pecho deforme en un mudo grito de dolor.

Estatua Drake sufrió un estallido logorreico. Accionó el gatillo de su metralleta Thompson sin dejar de gritar:

―¡¡¿Sepuedesaberquemierdadecosaesesta?AdondecojonesnoshantraidoJoderrrrrrrrMuereMuereMuere
CondenadomonstruodelinfiernoMueremalditobastardoMatadloJoder
HayquematarloHayquematarlosatodos!!

La tempestad de plomo destrozó a la criatura, la hizo caer y cuando las balas de la Thompson se agotaron, a Drake le flanquearon las piernas. Rondale y Liam se abalanzaron sobre el monstruo y el primero comenzó a golpear al monstruo con la culata de su fusil mientras el segundo lanzaba puñaladas al abdomen de la criatura, aullando de rabia, de frustración, de terror.

―¡Basta! ―gritó Corso, mientras Ditullio y Leprechaun conseguían frenar a Rondale, y Angus Lancaster tranquilizaba a Liam―. ¡Sosiéguense maldición! ¡Esto es una misión de infiltración y toda la ciudad debe de saber que estamos aquí!

―Una buena forma de dar ejemplo es no gritar, señor ―intervino Ditullio.

Corso le miró boquiabierto… asintió con la cabeza y, sonriendo bovinamente, susurró:

―Tiene razón, cabo. A partir de ahora, silencio total.

―Bullseye está en silencio.

―Muy bien Bullseye, vaya usted primero.

Bullseye entró en la Orden Esotérica y atravesó un estrecho pasillo. Abrió, con mucho cuidado, una pequeña portezuela que convergía en un gran vestíbulo que se hallaba sumido en la penumbra. La única luz provenía de una docena de antorchas ubicadas en puntos estratégicos de la sala. Bullseye se detuvo antes de salir al vestíbulo, al ver que había una galería en el piso superior, de la que colgaban banderolas de color verde sucio. El techo se sostenía por cuatro gruesas columnas y la combinación de olores a pescado podrido y rancio mezclado con altas dosis de incienso, convertía en aire en un éter cargado y desagradable.

Alguien se chocó con Bullseye: Angus Lancaster.

―A Bullseye no le gustas ―siseó el francotirador mirando a la galería. Si tuviera que tender una emboscada, ahí se colocaría él.

―¿Y eso a qué viene? ―se quejó Angus.

―A que vas a delatar nuestra posición si no cierras la bocaza, tipo suave ―gruñó Ditullio detrás de Angus.

Corso se llevó un dedo al oído y luego señaló al techo. Bullseye asintió. También los oía. Pisadas y murmullos en la galería.

Corso gesticuló en silencio. Ordenó a los soldados que llevaban metralletas que se adelantasen, creando un fuego de cobertura para que el resto de la escuadra pudiera tomar posiciones.

Bullseye negó con la cabeza.

―Hay una puerta a la izquierda y un pasillo a la derecha ―informó―Bullseye no sabe quién puede estar ahí. Quizá más enemigos que los que se esconden en la galería.

Corso meditó durante unos segundos que hacer. Ditullio y Bullseye se miraron exasperados. El cabo sacó su cuchillo y Bullseye le imitó.

―Con permiso, señor ―solicitó el cabo The Kid Ditullio―. Bullseye y yo vamos a ver que hay tras la puerta y en el pasillo, si son seguros puede capitanear a la escuadra en su asalto con los subfusiles, señor.

―Y Bullseye y The Kid harán fuego cruzado ―dijo Bullseye Dalton.

―Oh, sí, es una gran idea, sí ―mientras el capitán Corso daba la razón el cabo y el francotirador se internaron entre las sombras del vestíbulo. Bullseye desapareció a la izquierda. La puerta parecía cerrada, pero el francotirador se posicionó a la derecha, atento a disparar a posibles enemigos que surgieran por ahí. The Kid se escondió entre las sombras del pasillo de la derecha. Había cuatro puertas, todas cerradas, el cabo se maldijo, mientras apuntaba con el fusil, preparado para abatir cualquier rival que apareciese desde allí.

Estatua Drake y Leprechaun O’Brien quitaron los seguros de sus Thompson y atendieron a la señal del capitán Corso que buscaba entre las sombras a The Kid y Bullseye. El cabo Ditullio se asomó e informó de lo que había visto y de los objetivos que había en la galería: seis hombres, armados, en tres parejas.

The Kid veía escopetas y rifles. Bullseye vio hasta un mosquete de la guerra de la recesión.

Entonces Corso hizo el gesto y Estatua y Leprechaun se lanzaron en medio del vestíbulo, con los dientes apretados y los dedos sobre los gatillos. Estatua Drake se paró junto a una columna y trazó un aterrador arco de plomo disparando todo el cargador del arma sobre una pareja de guardias híbridos, que cayeron fulminados.

―¡¡¡Tragad plomo, ‘joputas!!! ―aulló Drake, sonriendo, presa de un siniestro frenesí.

Leprechaun descargó otra ráfaga que destrozó a otro de los guardias.

Liam se aprestó a salir al vestíbulo, pero Corso le detuvo. ¿A qué esperaban? El capitán buscó a los soldados Rondale y Rowan, y les ordenó salir.

Bullseye estaba arrodillado, pero el blanco que había escogido se lanzó al suelo según los cañones de las Thompson comenzaron a tronar su canción. Disparó, pero la bala se estampó en la barandilla que protegía la galería.

Angus palmeó a Liam en el hombro.

―Yo no he venido aquí para estar detrás, viendo como los militares hacen el trabajo ―dijo Angus. Liam asintió, gratamente sorprendido por el valor en las palabras de Angus―. Si no disparamos, investigaremos, joder.

―¿Puerta o pasillo? ―preguntó Liam.

―Puerta.

―Yo voy al pasillo.

―Esperen ―les frenó Corso―. Saldremos cuando sea seguro…

Para demostrar el peligro, un híbrido se asomó desde la barandilla y descargó una perdigonada con su escopeta que arrancó esquirlas de piedra a la pared cercana a Bullseye.

Con el cargador vacío, Estatua Drake sacó su Colt 45. de la cartuchera y disparó sobre el enemigo de la escopeta. La bala le reventó el pecho, la escopeta cayó al suelo y medio cuerpo del híbrido quedó colgando de la barandilla.

Billy Rowan disparó sin mucho acierto. El Muro Rondale apuntó a la barandilla, pero no pudo ver a los enemigos parapetados tras ella.

Liam correteó hasta el pasillo, seguido de Corso. Angus se apostó en la puerta, al otro lado de Bullseye que descerrajaba su fusil. Leprechaun descargó otra ráfaga de tiros sobre la barandilla, manteniendo a los enemigos a cubierto.

Angus entreabrió la gran puerta de la izquierda. Al otro lado había una gran sala, atestada de largos bancos de madera hinchada por la humedad. Parecía una sala de reuniones. Un podio de madera negra tras el cual había dos hombres, dos híbridos ancianos, ataviados con túnicas aguamarinas y coronas de oro argentífero.

Uno de ellos, un sexagenario, altísimo y siniestro, de dedos palmeados, finas patillas en forma de ele de pelusa blanca y mirada recelosa, hacia aspavientos, croando órdenes. El otro sacerdote, un cincuentón regordete que se rascaba su desastrosa piel bajo la papada con una garra palmeada, miraba fijamente a Angus con unos grandes y temerosos ojos vidriosos.

Angus no supo decir cuál de los dos estaba más asustado, si él o el sacerdote, hasta que el obeso brujo le apuntó con sus dedos membranosos y comenzó a croar una sarta de palabras prohibidas y Angus supo que él tenía más miedo. Sintió como algo se aferraba a sus pulmones, trepaba por ellos robándole el aire, notó el sabor del mar en la boca de la garganta… Y tal cómo vino se fue. Le habían robado el aire durante un segundo, pero la oscura magia no había surtido más efectos en él.

Mientras The Kid Ditullio recargaba su fusil el híbrido armado con el mosquete se alzó y disparó sobre el Muro Rondale. El estampido reverberó en el vestíbulo y el perdigón arañó la cara del soldado, destrozándole la mejilla. El Muro mugió de rabia y corrió escaleras arriba, con un frenesí suicida dibujado en su rostro constreñido y sangrante. Otro híbrido descargó los cañones de su escopeta sobre Bullseye y los perdigones impactaron sobre el soldado hiriéndolo de gravedad.

Bullseye aullaba.

Desde el suelo, con la boca llena de sangre, el francotirador alzó su fusil, apuntó, y el disparo reventó la cabeza del híbrido. El resto del cuerpo cayó por la barandilla. Leprechaun se cubrió en una columna mientras recargaba su metralleta.

Corso disparó con su pistola, pero la bala se perdió en el tiroteo. En el pasillo en el que se había internado Liam descubrió  cuatro puertas. Todas cerradas salvo una, con un cartel que rezaba: Despacho de J. Brewster. Liam bajó el percutor de la automática, apresto para entrar, pero el capitán Corso se acercó a él y le detuvo.

―¡Quédese detrás de mí! ―ordenó el capitán, al tiempo que abría la puerta.

Los dos cañones de una recortada le recibieron desde el otro lado.

El estampido fue colosal. Liam se apartó a tiempo de ver, como el cuerpo desmadejado del capitán Corso volaba tres metros contra la pared, chocaba violentamente contra ella, caía, hecho un guiñapo sangrante, un muñeco roto, sin vida.

Angus metió su escopeta entre las dos hojas de la puerta y descargó una perdigonada sobre los sacerdotes de la Orden, que gritaron, arrojándose al suelo.

―¡Refuerzos! ―gritó Angus―. ¡Refuerzos!

El Muro cargó, bayoneta en ristre contra el híbrido que le había destrozado la cara, le espetó por debajo del esternón lo alzó un metro hacia el techo, arrancándole el mosquete de sus manos deformes, y luego lo placó contra el suelo, hundiendo aún más la cuchilla en sus entrañas.

Ditullio y Drake corrieron en apoyo de Angus. Ditullio pateó la puerta, descubriendo en la sala de reuniones de la Orden, además de los bancos y el altar tras el que se ocultaban los sacerdotes, una gran banderola con el símbolo de la Orden Esotérica de Dagon, una escalera en la esquina izquierda que se perdía en el piso superior… y media docena de profundos armados con unas finas jabalinas de coral verde iridiscente que les miraron sorprendidos.

―¡Contaaaaaaaaaaaactoooooooo! ―gritó The Kid disparando a ciegas su fusil.

El grueso sacerdote huyó escaleras arribas, aterrado, pero el otro, el larguirucho con patillas, conocido en el pueblo como Ezra Hetfield comenzó a correr señalando a Angus Lancaster, luciendo un cuchillo de hoja dorada y retorcida, escupiendo improperios y maldiciones sobre cómo le iba a rajar la garganta, hasta que Leprechaun O’Brien le descargó media docena de tiros con su Thompson y Bullseye Dalton le voló la cabeza de un tiro con su Colt 45.

Angus se alejó de la puerta, huyendo de los profundos que se abalanzaban sobre ellos. El Muro Rondale comenzó a machacar la cabeza del híbrido que había empalado y que aún le lanzaba golpes y arañazos. Ditullio sacó una granada, quitó el seguro y la arrojó hacia el techo, tras la gruesa puerta de doble hoja que intentó cerrar antes de que la granada tocase el suelo, pero de un violento empellón las puertas se abrieron empujadas por dos profundos, mientras que los otros cuatro arrojaban sus jabalinas.

Una pasó volando muy por encima de la cabeza de Leprechaun y otra se fragmentó a los pies de Bullseye. Ditullio rodó por el suelo esquivando la lanzada que se destrozó en el suelo y otra jabalina se clavó en la columna tras la que se parapetó Angus.

Liam miró de reojo el cuerpo desmadejado de Corso y disparó a ciegas hacia al interior del despacho. La bala se estrelló contra un escritorio de madera mohosa, pero el Finn pudo ver al asesino del capitán, sólo un atisbo de una figura fondona, unos ojillos brillantes y una sonrisa aviesa… una sonrisa que había atropellado en su fuga de Innsmouth, hacía meses.

Pero por lo visto, para matar al subcomisario Nathan Birch iba a necesitar algo más que un coche.

Liam vio como Nathan Birch bajó su humeante escopeta recortada y cojeaba huyendo de ahí, llevando una bandolera colgada al hombro con algo pesado y rectangular dentro, desapareciendo por un estrecho armario. Justo cuando se preparaba para seguirlo, del despacho surgieron dos enormes profundos enarbolando sus jabalinas de coral.

Estatua Drake se refugió tras otra columna abriendo fuego con su pistola. Aprovechando otra ráfaga de disparos de la metralleta de Leprechaun, que abatió a dos profundos, Bullseye arrojó otra granada entre los pies de los profundos… y la colocó junto a la que había arrojado Ditullio un latido antes.

El Muro terminó de machacar la cabeza de su contrincante, hasta que de esta no quedaba más que un puré sanguinolento. Jadeando, satisfecho, el Muro Rondale se levantó, creyéndose que estaba solo…

Ante el soldado había tres siniestras figuras. Dos eran unos grandes profundos armados con jabalinas de coral verde, pero el tercero era un sectario de la Orden Esotérica de Dagon, un individuo ataviado con una túnica de un verde tan oscuro que parecía negra y con la cara oculta tras una máscara de cuero que simulaba el rostro tentacular del Gran Cthulhu.

Pero lo que paralizó a Rondale fue la enorme espada medieval que el sectario alzó sobre su cabeza. El acero voló hacia El Muro que echó la cabeza hacia atrás, consiguiendo que el filo pasara a milímetros de su cuello.

Las granadas explotaron.

Una lluvia de metralla y la onda expansiva impactaron en los soldados que rodaron por el suelo, se cubrieron tras columnas, antes de que pedazos infectos de profundo carbonizado cayeran con ellos. Las seis bestias estaban muertas, la victoria parecía segura.

―¡Bullseye! ¡Estatua! ―chilló Rondale desesperado.

―¡Apoyo! ―rugió Liam disparando su pistola, mientras huía de los profundos que le cercaban.

Bullseye disparó con la pistola, pero los rivales que cercaban a Rondale estaban fuera de tiro y la bala se incrustó en la barandilla. Estatua Drake y Billy Rowan le imitaron.

Leprechaun se giró y llamó a Liam.

―¡Al suelo, maldito irlandés! ―Liam se tiró al suelo y Leprechaun vació el cargador de la Thompson sobre los profundos, destrozando a ambas criaturas.

Bullseye disparó de nuevo mientras corría escaleras arriba, seguido de Billy Rowan. The Kid Ditullio corrió el cerrojo de su fusil. Drake puso el último cargador que le quedaba a su Thompson. Angus apuntó con la escopeta y disparó una perdigonada al piso superior, pero salvo un perdigón que hirió someramente a uno de los profundos, su disparo no tuvo efecto.

Rondale se arrastró por el suelo, lanzó un puñetazo a uno de los profundos que se le echaba encima, pateó al otro, pero las bestias le cogieron de los brazos, lo apresaron, expusieron su cuello al sectario.

Rondale chilló de rabia y frustración mientras el acero descendía.

Luego el silencio.

El sectario se asomó por la barandilla y arrojó la cabeza de El Muro Rondale que cayó a los pies de Ditullio. Todos los soldados la contemplaron impresionados, mientras el sectario les apuntaba con un dedo enguantado, alzaba su espada cubierta de sangre y entonaba un cántico gorgoteante.

The Kid estaba petrificado ante la mirada muerta de la cabeza de Rondale, el cabo dejó caer su fusil y comenzó a buscar con angustia su crucifijo, necesitando de su contacto para sobreponerse a la visión de la cabeza cercenada. Angus se ocultó tras una columna. Bullseye disparó con acierto sobre uno de los profundos, pero la bala no detuvo a la bestia que se arrojó sobre él y Rowan. Los tres cayeron rodando por las escaleras. El otro monstruo arrojó su venablo sobre Estatua Drake y se lo clavó en el hombro antes de que el soldado pudiera dispararle con su metralleta.

La cabeza de Drake era un hervidero. Estaba llena de una sarta de improperios que intenaba ladrar a sus rivales, pero no tenía aire en los pulmones… sólo agua, agua de mar. La lanza era fría, un puñal de hielo verde que parecía devorar el brazo donde estaba hincada. La mano que sostenía la metralleta se fue al suelo. Tosió. Cayó de rodillas. Tosió. Se ahogaba. Se ahogaba. Se moría.

En un acto de pura fuerza de voluntad, Estatua Drake se arrancó la lanza con la mano sana, sintiendo como el frío le entumecía los dedos, y la lanzó contra la pared donde se hizo añicos.

Leprechaun se acercó a Liam, mientras recargaba su último cartucho de la metralleta Thompson.

―¿Y Corso? ―preguntó el soldado irlandés al Finn. Liam le señaló el cadáver.

―Lo ha matado uno de Innsmouth, el subcomisario. Ha huido por una habitación secreta― informó Liam.

―No llegará muy lejos ―gruñó Leprechaun tirando de percutor de la metralleta.

Bullseye se apartó a patadas del profundo, le apuntó con la automática del 45 y disparó sobre la bestia. Lo mismo hizo Rowan pero su disparo falló e impactó al francotirador en un pie, arrancándole un grito de dolor. El profundo lanzó un zarpazo a Rowan, que bloqueó con su fusil.

Estatua Drake apenas conseguía respirar. Sus pulmones estaban llenos de agua. El mundo se reducía al mar y a las palabras húmedas que chasqueaba y vomitaba el sectario. Mientras Ditullio continuaba buscando el crucifjo, Angus se asomó tras la columna y descargó una perdigonada con su escopeta hiriendo al sectario e interrumpiendo su conjuro.

En un parpadeo Drake respiraba. Su brazo herido parecía que recuperaba la movilidad. Intentó alzar la metralleta y mirar a sus rivales cuando el profundo que acompañaba al sectario se izó en la barandilla y saltó sobre el soldado. La garra le embistió desde arriba, le desgarró el cuello y lo derribó. Caído en el suelo, muy malherido, sangrando por el cuello, escupiendo sangre, con la vista borrosa por el dolor, Drake sacó fuerzas de flaqueza para alzar su metralleta y apretar el gatillo.

Las veinte balas del calibre 45, impactaron al completo sobre la batracia criatura, destrozándola desde el vientre hasta la cabeza con plomo ardiendo.

Bullseye aprovechó a que el profundo le daba la espalda atacando a Rowan para pegarle un tiro en la nuca. La bala al emerger arrancó dientes y escamas a la batracia criatura que cayó fulminada. Rowan y él corrieron a socorrer a Drake, taponando su herida y controlando la hemorragia.

Angus corrió escaleras arriba. Ditullio encontró su crucifijo, saliendo de esa repentina obsesión que se había adueñado de él y alzó su fusil apuntando a la barandilla, donde se había parapetado el sectario. Leprechaun y Liam asaltaron el despacho de J.Brewster, pero estaba vacío. El armario donde se había ocultado Natham Birch daba a unas estrechas escaleras que subían al piso superior.

Justo cuando a Angus Lancaster le quedaban tres o cuatro escalones para llegar arriba se encontró cara a cara con Nathan Birch.

Ambos, sorprendidos, alzaron sus escopetas de galga 12, Angus la de trinchera, Birch la recortada.

Ambos se miraron a los ojos, con una rabia envenenada inyectada en sus miradas.

Ambos tiraron de gatillo.

Y los percutores de ambas armas, chasquearon, huecos, casquillos vacíos.

Birch le arrojó la escopeta. Angus se agachó y le tiró la suya, que Birch evitó. Ambos sacaron sus armas cortas. El subcomisario de Innsmouth un feo revólver del calibre 45, Angus, la automática militar Colt 45. Separados por sólo unos metros, se dispararon.

Y fallaron.

La bala de Angus se clavó en la pared, la de Birch destrozó un escalón. Birch pasó cojeando ante Angus y disparó. El Finn cogió la pistola con ambas manos y apretó el gatillo.

Fallaron de nuevo.

El tercer disparo del subcomisario de Innsmouth impactó a Angus en el codo y le arrojó por escaleras abajo, dando línea directa al astuto policía que sonreía maquiavélicamente con Bullseye Dalton, el francotirador de la escuadra Apod que le apuntaba con el fusil de Billy Rowan.

―Bullseye dispara ―sentenció Dalton antes de pegarle un tiro debajo de la garganta a Nathan Birch y lanzar su abotargado cuerpo contra la pared, dejando una mancha de sangre oleosa en la piedra mientras el cadáver se deslizaba hasta acabar sentado.

Angus se volvió hacia Bullseye, alzó el pulgar en señal de aprobación.

Y el sectario emergió sobre él, con la espada en alto aullando una maldición.

Angus se encogió sobre los escalones mientras una lluvia de balas estallaba a su alrededor. Desde el otro lado de la barandilla, a través de las escaleras que había encontrado el despacho, Liam apareció disparando su automática del 45, al tiempo que Leprechaun soltaba una ráfaga de munición con su Thompson, acribillando al sectario a tiros…

Y por si fuera poco, The Kid Ditullio le metió una bala en la cabeza con su fusil.

―El Muro te espera en el infierno, hijo de puta.

Leprechaun se asomó por la barandilla.

―¡Despejado!

Ditullio miró a Bullseye que lanzó una rápida mirada al interior de la sala de reuniones y asintió.

―¡Despejado!―gritó el cabo―. Rowan, ¿cómo está, Estatua?

Rowan les miró, pálido, ojeroso, con el rostro salpicado de sangre.

Y Estatua Drake alzó un tembloroso pulgar.

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