La Redada (17) La Ola

Guardacostas Urania

Capitán Stephen Hearst

Teniente de Navío, Martin Winter (Segundo al Mando)                              – Hernán2

Suboficial de 1ª Tolben (Cañón 75mm Proa)                      – Garrido

Marinero Bart

Marinero Ralph

Marinero Skinner

Suboficial de 3ª Chimes (Ametralladora 30 Estribor)       – Sarita

Marinero LaParca (Ametralladora 50 Babor)                      – Soler

Marinero Henson (Ametralladora 50 Estribor)                  – Jacin

Marinero Fulton (Tiene una Pistola de Bengalas)- Toño

Grumete Taft  (16 años) (MUERTO)                       – Hernán

Thomas Connery (Infante de Marina)                   – Bea

Jacob O’Neil (Sargento de Policía)                          – Raúl

El Cocinero

44 MARINEROS –  5 MUERTOS

 

Patrullero Vigilant

Contramaestre Curtis Henley

15 Marineros – 4 MUERTOS

 

Patrullero Spectre

SubOficial “Jefe” Jhon Walls

15 Marineros – 1 MUERTO

―¡Dios mío! ¿¡Qué es eso!?

Algo emergía de las profundidades y el viento transportaba un hedor nauseabundo. De fondo retumbaban las campanas de Innsmouth, llamando a su población, alertándolas del asalto del gobierno a sus hogares.

Y mientras, en el mar, una deformada y gigantesca ala de murciélago emergía entre las aguas como el mástil de un barco fantasma. Unida al ala había una masa de carne grasienta, llena de tentáculos y garras, de la que emergía un icor aceitoso y negro que flotaba por encima del agua.

Una vaharada nociva infestó el barco y más de un marinero tuvo una arcada y vomitó por la borda, entre ellos el Capitán Hearst que estaba pálido y ojeroso, aferrado a la barandilla metálica.

Jacob O’Neil palmeó a Thomas Connery, señalando la salida a la superficie del submarino S19. Otros marineros comenzaron a alertar de la aparición del sumergible.

El joven teniente de navío Martin Winter, un pecoso pelirrojo que lucía un divertido bigote, bajó corriendo de la camareta alta y comenzó a ladrar órdenes para sacar a la tripulación del shock ante la aparición del monstruo muerto y el submarino.

―¡Hombres, a las armas! ¡Retiren los cadáveres! ―Winter estuvo a punto de ordenar que los arrojasen por la borda… pero se contuvo, ¿qué le ocurría? ―Los fallecidos… a la bodega de carga. Los heridos a la enfermería. ¡Quiero un hombre en cada ametralladora!

―¿Y ahora, quí hacimos? ―preguntó el marinero Fulton a Jacob y a Thomas… este último estaba agarrado a la barandilla muy atento a la criatura.

―Órdenes, señor ― solicitó el teniente de primera Tolben al capitán Hearst, pero este tenía sus ojos grises clavados en la bulbosa criatura que flotaba a unos cientos de metros del guardacostas Urania.

―Monstruos… Monstruos… Monstruos…

―Señor ―le llamó Tolben de nuevo, consiguiendo ganar su atención―, órdenes.

Hearst tragó saliva, pero apenas pudo. De reojo el monstruo seguía flotando a la deriva.

―Recuento de bajas ―murmuró el capitán Hearst mientras sus ojos vagaban por los regueros de sangre que regaban la cubierta. Contempló horrorizado como los marineros Ralph y Bart que acompañaban a Tolben en el manejo del cañón de 75mm, arrojaban por la borda el cuerpo de un profundo.

―Seis bajas ―informó el teniente de navío Winters ―incluyendo al grumete Taft.

―Por Dios ―murmuró Hearst consternado―, si no tenía ni veinte años.

―Y, señor ―Tolben señaló en dirección al submarino y el capitán se hizo con unos prismáticos para observar la situación―, el submarino ha salido a la superficie.

―¡Demonios! ―espetó el capitán Hearst con los dientes apretados―. ¡Demonios! ¡Demonios!

Tolben y Winter se miraron de reojo, mientras el capitán se volvía hacia ellos. Una espesa saliva se comenzó a acumular en las comisuras de los labios del capitán y sus irises grises se había oscurecido. No parpadeaba… hasta parecía que sonreía.

―¡Esos demonios marinos están tratando de asaltar al S19!

Algún otro marinero dio el mismo aviso y no tardaron en ver decenas de formas negras emergiendo alrededor del sumergible.

―¡Fuego de ametralladora! ―rugió Hearst― Cread un perímetro alrededor del submarino.

―Señor esa orden no es muy lógica, señor―comenzó Tolben―, podríamos…

―¡Fuego de ametralladora sobre el submarino, AHORA!

―Señor, sí, señor ―contestó la aguardentosa voz del marinero Henson que en seguida disparó desde su ametralladora del 50

Derek Chimes miró primero a los tenientes Tolben y Winter, pero estos dejaron pasar al irritable capitán, que encaminó sus pasos a la timonera.

―Disparar a nuestro propio submarino ―Chimes se agarró a su ametralladora del 30 y disparó, apuntando como pudo, a las figuras que asaltaban el S19―. Qué vergüenza.

―Están disparando al submarino ―se percató Jacob. Se volvió hacia Fulton ―¡No pueden disparar al submarino! ¡Tenemos a una amiga allí!

―Son órdenes del capitán ―contestó Fulton. Thomas Connery consiguió apartar su mirada de la masa tentacular y se apartó de Jacob y Fulton, en dirección al capitán Hearst.

Pasó entre marineros asustados que disparaban torpemente con rifles o sostenían arpones, esperando otra aparición de los demonios del mar. El marinero Pedro LaParca compartía un cigarrillo con el Cocinero, junto a la ametralladora del calibre 50 de babor.

―¡Capitán! ―gritó Thomas mientras subía hasta la camareta alta― ¡Capitán!

Hearst miraba por sus prismáticos y murmuró.

―Vea que quiere el consejero CIVIL, señor Winter.

Winter atajó a Thomas en la escalerilla que conducía a la timonera. Thomas miró por encima del hombro del teniente al capitán Hearst.

―Pone en peligro al submarino disparando así, señor ―gritó Thomas― ¡Una bala podría perforar el casco! ¡Es más peligrosa que las garras de esas cosas!

Junto a Thomas apareció el teniente de primera Tolben.

―El marine tiene razón, señor ―argumentó el teniente―. Esa orden no tiene sentido, señor. Quizá…

―¿Se están amotinando? ―preguntó Hearst con los dientes apretados. Tolben y Thomas no le escucharon bien. El capitán Hearst apartó a Winter de en medio, tenía la cartuchera del Colt 45 abierta― ¿¡Están amotinándose!?

―No, señor ―murmuró Tolben, incapaz de mirarle a los ojos.

―¿¡Entonces por qué discuten mis órdenes!? ―ladró Hearst desesperado― Teniente de primera Tolben, regrese a su cañón. ¡Fulton!

―¿Señor?

―Aparte al señor Connery de mi vista.

―Sí, señor.

Mientras, Chimes y Henson continuaban ametrallando alrededor y sobre el submarino, este comenzó a hundirse en las aguas cercanas al Arrecife del Diablo.

―¡No toleraré más insubordinaciones! ―aulló Hearst―. A partir de ahora, quien no cumpla mis órdenes con total determinación, ¡será detenido y acusado de alta traición!

―¡Señor, sí, señor! ―contestaron muchos marineros.

El teniente de navío Winters se descubrió acariciando la culata de su colt 45, fantaseando con la idea de sacar la pistola y pegarle un tiro en la nuca al capitán… así sería él el capitán… Winters apartó ese pensamiento de su cabeza.

―Señor, sí, señor ―murmuró Winters.

Thomas se agarró a la barandilla conteniendo su impotencia.

―Ese tipo está perdiendo el norte ―siseó Jacob.

―No pué hablar así, del capitán, señor ―advirtió Fulton. Lanzó unas rápidas miradas a sus camaradas y se acercó a los investigadores―. Aunque tingan razón ―y les guiñó un ojo.

Thomas iba a sonreír a Fulton cuando algo llamó su atención.

Algo de la criatura muerta. La mancha oleosa que era su sangre había encogido… antes parecía mucho más ancha. Thomas se aterró al comprender lo que sus ojos advertían. El icor negro retrocedía. Volvía a la criatura, cuya ajada ala parecía estar más sana, menos rota… parecía funcional cuando antes era un despojo.

―Jacob―advirtió Thomas cogiendo del antebrazo al policía que también miraba a la semilla estelar del Gran Cthulhu.

―Esa cosa está viva― comprendió Jacob―. ¡Esa cosa está viva!

Los marineros cercanos se volvieron hacia ellos, mientras Jacob y Thomas corrían hacia la timonera, intentando advertir al capitán Hearst.

―¡Capitán! ¡Capitán esa cosa está viva!

―¡Fulton, maldita sea! ―aulló Hearst― ¿¡Qué le he dicho!? No quiero ver a los ACEs aquí cerca…

―Pero, señor…

―¡Sáquelos de mi vista!

Varios miembros de la tripulación oteaban con prismáticos, o como podían, hacia el monstruo, intentando ver si lo que decían los ACEs era cierto.

―Señor ―solicitó Tolben que miraba con sus prismáticos ―Señor, permiso para disparar el cañón sobre la criatura, señor.

―¿¡Qué demonios dice, señor Tolben!?

―Señor, solicito permiso para disparar el cañón de 75. La situación del submarino está controlada con las ametralladoras y mi arma podría dañar el casco. Sin embargo, puedo rematar a esa criatura, tranquilizando a toda la tripulación, señor.

El capitán Hearst dejó de mirar la ciudad de Innsmoth, donde las campanas habían muerto pero los disparos resonaban por todas partes y pequeños focos de incendios se iluminaban entre las casas, además de uno muy grande al noreste del puerto. Hearst enfocó con sus prismáticos sobre la criatura… y palideció aún más.

El monstruo se movía.

―¡Tolben, rápido! ¡Haga fuego sobre la criatura! ¡Vamos!

El teniente Tolben, ladró órdenes sobre sus marineros, Bart y Ralph, que dirigieron el cañón hacia la semilla estelar y cuando Tolben apuntó, dispararon.

Un geiser consumió a la criatura en una perfecta explosión y pedazos malolientes del ser cayeron en un radio de 10 metros a la explosión.

La tripulación del guardacostas Urania clamó en un grito de júbilo.

―¡Magnífico trabajo, hombres! ―rugió el capitán Hearst, orgulloso―. Dios está de nuestro lado, señores. ¡Venceremos en esta cruzada contra los demonios marinos!

La tripulación del Urania se rearmó, recargaron armas, se curaron las heridas. Jacob se hizo con un salvavidas y lo dejo a su lado mientras, cerca de la costa, las patrulleras Vigilant y Spectre, disparaban sobre un banco de profundos.

Thomas vio algo en las negras y afiladas púas del Arrecife del Diablo. Unas luces.

Alzó sus prismáticos y miró al accidente geográfico… y cuando ajustó la vista grito:

―¡Hay enemigos en el arrecife!

―¿Dónde?

―Yo no veo nada.

―¡Luces! ¡Hay luces!

―¡Sacerdotes! Son sacerdotes y todos tienen los brazos alzados y…―gritó Thomas, que dejó de mirar al arrecife y miró a Jacob― Están invocando algo.

―Señor ―solicitó Tolben al comprobar con sus prismáticos que Thomas tenía razón ―permiso para abrir fuego sobre el arrecife, señor… ¿Señor?

El capitán Hearst no miraba por sus prismáticos, ni tampoco miraba al arrecife. Su vista estaba congelada en la costa de Innsmouth, en su puerto y su playa. El capitán estaba lívido, estaba paralizado. Su mirada muerta no podía apartarse de la incongruencia que estaba viendo.

―No puede ser… No puede ser… Es imposible… No puede ser…

―¿Señor? ―inquirió el teniente Winters.

―¡Timonel! Giro de 180º a estribor. Todo el mundo… ¡¡TODO EL MUNDO QUE SE AGARRE A ALGO!!

Aunque muchos miembros de la tripulación no pudieron reprimir el deseo de mirar hacia la costa, hacia lo que había visto el capitán Hearst, la mayoría de marineros se aferró como pudo a la embarcación

En la playa de Innsmouth había crecido una ola de más de doce metros de altura que barrió por completo  desde la costa hacia el océano. Observaron aterrados como el muro de agua negra se alzaba y recorría a contra corriente la mar, hacia el Urania. La ola hizo tambalear la embarcación de John Wallis, la Spectre, que se mantuvo a duras penas a flote, pero engulló a la patrullera de Curtis Henley, la Vigilant, hundiéndola como una piedra y ahogando a sus dieciocho tripulantes.

Entonces la ola pasó junto al arrecife y todos pudieron escuchar los cánticos, unos croares que martillearon sus sienes al tiempo que la enorme ola embestía al Urania. El guardacostas soportó el impacto, zozobró, pero la maniobra de Hearst evitó males mayores. Sin embargo el agua arrastró a media docena de marineros que estaban en la cubierta y cayeron al agua. Entre ellos que estaban los marineros Henson, LaParca y el teniente Chimes.

―¡Hombres al agua! ―gritó Winters―. ¡Hombres al agua!

Todos estaban calados, asombrados por el repentino ataque del mar y asustados por la desaparición de sus compañeros. Comenzaron a gritar los nombres de los mismos. LaParca y Henson consiguieron mantenerse a flote, pero no había ni rastro de Chimes…

Y aparecieron los profundos.

―¡Nos abordan! ―avisó Jacob.

Doce batracios se aferraron al casco con sus garras y comenzaron a trepar por él. Cuatro parejas de profundos nadaron hacia los marineros caídos en la mar.

Henson se mantenía a flote con anchas brazadas, solo, sin monstruos en la inmediaciones. LaParca observó paralizado cómo dos de esos demonios del mar surgieron al lado de un marinero que chapoteaba cerca de él: las garras lo envolvieron y lo arrastraron a las profundidades.

Antes de que LaParca pudiera reaccionar, otra criatura abisal emergió a su lado. LaParca le golpeó con rabia, pero apenas molestó al monstruo… Al que de repente le explotó la cabeza, por un acertado disparo del marinero Fulton.

―¡Mi hermano estaría orgulloso! ―chilló Fulton, hinchado como un pavo. Thomas y Jacob le jalearon mientras disparaban a las criaturas que trepaban a su alrededor. El fusil de Thomas se había atascado y no disparaba.

Mientras el teniente de navío Winters arrojaba salvavidas al agua, consiguiendo que un marinero se aferrase al flotador, Tolben ladró órdenes a sus marineros y apuntó el cañón hacia el arrecife… hacia las luces… hacia los sacerdotes.

¡¡¡BUM!!!

El Arrecife del Diablo explotó, arrancando esquirlas de piedra y los profundos que no murieron por el obús huyeron al mar.

Sin embargo, los monstruos comenzaron a trepar por el casco, a encaramarse a las barandillas y trepar hasta la cubierta, rugiendo y croando. La tripulación del Urania les encaró con fusiles, pistolas y arpones.

Winters disparó a una bestia encaramada a la barandilla con su pistola, y Tolben le imitó, mientras ordenaba a sus hombres, Ralph y Bart, que dejaran de cargar el cañón y se armasen ante los tres monstruos que trepaban por la proa del barco. Thomas dejó caer su fusil al suelo y le pegó un tiro a otro profundo con la automática del 45, arrojándolo por la borda. Jacob erró su disparo mientras dos bestias subían hasta ellos.

El marinero Henson flotaba como podía, gritando iracundo porque le arrojasen un salvavidas al tiempo que el teniente Derek Chimes emergía del agua, tosiendo y escupiendo agua, intentando respirar, apenas era capaz de mantenerse a flote, aunque un flotador se balanceaba a unos pocos metros del teniente. El marinero LaParca tuvo suerte, y el Cocinero le lanzó un salvavidas al que se aferró.

Un profundo saltó y cayó sobre Fulton que interpuso el fusil entre él y la bestia, rodaron por la cubierta forcejeando.

El capitán Hearst ladraba órdenes con la voz teñida de histeria, mientras disparaba con su Colt 45 contra las bestias que surgían por las bordas. El profundo que había herido el teniente de navío Winters se abalanzó sobre él, cayeron por el suelo y se produjo un disparo. Winters consiguió salir de debajo del cuerpo flácido del profundo.

Fulton encajonó su fusil entre las fauces del profundo, alejándole de él hasta que un acertado disparo de la pistola de Thomas le reventó la cabeza a la criatura. Jacob disparó sobre la otra criatura pero esta apenas percibió el daño y cayó sobre el Finn, su zarpa trazó un fiero arco hacia él, pero Jacob la consiguió esquivar.

El teniente Tolben disparó de nuevo sobre un profundo abatiéndolo, pero sus marineros no tuvieron tanto acierto. Ralph forcejeaba con un arpón, intentando apuñalar al monstruo sin que este le desgarrase la garganta, y Bart había disparado a su contrincante, pero el monstruo se había trabado con él, cayendo ambos al suelo, con el fusil entre ambos.

―¡Hijoputas! ¡Bastardos! ―ladraba el marinero Henson entre ola y ola, al pie del casco del Urania―. Arrojadme una puta cuerda o un jodido salvavidas. ¡Ayuda, joder!

Dos profundos se acercaron nadando hacia a Henson, que continuó gritando, pidiendo auxilio.

A duras penas, el teniente Chimes se agarró al salvavidas que tenía cerca. Tosiendo y aterido de frío por las gélidas aguas de la bahía, Chimes jaló la cuerda para acercarse hacia el guardacostas. Escuchó los lamentos de Henson, a unos veinte metros de él. A una vida de distancia.

Y vio algo que le inquietó de sobremanera: Un tiburón.

―¡Vamos a reventar a esas pinches ranas! ―aulló Pedro LaParca cuando el Cocinero consiguió levantarlo hasta la cubierta del barco.

El profundo que combatía con Winters le desgarró el abrigo de un zarpazo antes de que el teniente de navío Winters le disparase nuevo, pero el monstruo no caía. Un profundo atacó violentamente al capitán Hearst y le hirió, pero este le abatió a disparos. El teniente de primera Tolben mató al monstruo con el que forcejeaba el marinero Bart.

―Ayude a Ralph ―le ordenó, mientras el marinero continuaba forcejeando con el profundo.

Fulton y Thomas dispararon a la vez al profundo que casi destrozó a Jacob, y la fuerza de los proyectiles arrojaron a la bestia por la borda.

La aparición del tiburón inoculó una descarga de adrenalina en el teniente Chimes, que se aferró a la cuerda y comenzó a subir por el casco del guardacostas, frenético, sabiendo que sus armas eran inútiles porque estaban mojadas, que estaba desarmado y era una presa fácil… alcanzó la barandilla del barco, a la que se aferró con fuerza, jadeando, exhausto.

Henson siguió gritando improperios hasta que dos pares de zarpas escamosas se aferraron a sus piernas y lo hundieron. El mar le llenó la boca y el marinero fue arrastrado hacia la oscura profundidad del mar. Lanzó golpes a las formas que se retorcían a sus pies, que le flagelaban con sus garras, pero Henson, tragando agua, respirando el mar, sangrando, les golpeó, rugió y se los quitó de en encima.

O se apartaron.

Lo último que vio el marinero Henson, antes de que los pulmones se llenasen de gélida agua de mar y la inconsciencia lo dejara hundiéndose rápidamente, fue un gran tiburón blanco cabalgado por un profundo, que se acercaba hacia él con las fauces abiertas.

Winters disparó dos veces más sobre el monstruo, le vació el cargador, antes de abatirlo. Jadeando, el teniente de navío se apartó de la criatura… cuando otra bestia apareció a su lado. Este monstruo estaba cubierto de sangre y arrastraba la pierna desgarrada de un marinero asesinado. La criatura exhibía una grotesca sonrisa. Desde la proa, Tolben vio al profundo que se cernía sobre el teniente, alzó su pistola, le apuntó, y cuando apretó el gatillo, el arma se encasquilló.

Winters tropezó, cayó al suelo de culo, alzó la pistola, pero la corredera estaba encajada hacia atrás, el cañón vacío en el aire, mientras el monstruo se acercaba hacia él.

―¡¡¡Alíjate dil teniente, jodeputaaaaa!!! ―gritó el marinero Fulton antes de descargar un gran puñetazo en el rostro de batracio de la criatura… que parpadeó y le miró sorprendido, hasta que una bala le atravesó el ojo derecho y le saltó la tapa de los sesos.

―¡Gran disparo! ―reconoció Fulton a Thomas Connery cuya humeante pistola apuntaba al suelo. El marine se miraba el hombro, donde un tajo rojo se dibujaba en el abrigo.

―Jacob ―murmuró Thomas con los dientes apretados―. ¿Me has disparado?

―Lo siento ―se disculpó Jacob―… Te has puesto en medio cuando…

―¡Primero Greg, ahora yo! ¿Pretendes disparar a todos los Finns o algo a…?

Jacob placó a Thomas, evitando que una lanza de coral se le clavase en la espalda. Los Finns alzaron la vista a tiempo de ver a varios profundos armados con lanzas de coral verde iridiscente asaltando el Urania.

Tuvo lugar otro abordaje.

Tolben reparó su pistola, recargo y evitó una lanzada mientras disparaba a todas las criaturas que pudo, hasta que no quedaron más. Sus marineros no tuvieron tanta suerte. Bart fue aseteado por dos de esas jabalinas de coral y cayó de rodillas, vomitando y llorando agua de mar. El marinero Ralph fue destrozado a mordiscos y zarpazos por el profundo con el que llevaba combatiendo desde el inicio del abordaje. Winters disparó a un monstruo armado con jabalina y tuvo el apoyo de Pedro LaParca que apareció desde popa abriendo fuego con un fusil, seguido del Cocinero que enarbolaba la cuchilla de carnicero por encima de su cabeza. El capitán Hearst intentó volver a la timonera, cuando una lanza se le hincó en el costado.  Fulton destrozó la cara a una criatura con la culata de su rifle. Jacob y Thomas dispararon sin misericordia con sus pistolas hasta que las balas se les agotaron. El teniente Chimes se aferró a su ametralladora del calibre 30 y comenzó a disparar, aullando como un loco, contra el mar, contra lo que veía y lo que no. Una de sus ráfagas de proyectiles destrozaron al hechicero de los profundos que cabalgaba un tiburón y a su escualo.

Y el guardacostas se quedó en calma.

Habían muerto diez hombres, pero había otros diez desaparecidos, entre ellos el marinero Henson. La cubierta estaba infestada de sangre, de cadáveres, de monstruos muertos. El resto de marineros estaban heridos o catatónicos. Mientras Fulton asistía en las curas de primeros auxilios a Jacob y Thomas en la proa, asistieron a la aparición del enajenado capitán Hearst. Se había arrancado la lanza, pero farfullaba órdenes contradictorias por todo el barco, mientras se quejaba del frío que le consumía las entrañas. Winters iba tras él, intentando sosegarle mientras discutían con Tolben.

―¡Cumpla mis órdenes, Tolben!

―Señor, esas órdenes no tienen sentido, señor―gritaba Tolben― Nuestra misión  es evitar que los habitantes del pueblo huyan por mar, señor.

―Son demonios del mar. Si quieren huir, bucearán.

―Lo sé, señor, pero no es excusa.

―¡Son demonios y deben ser consumidos por el fuego del infierno!

―¡No le dejaré disparar el cañón contra una población civil, señor!

―Oh, sí que lo hará ―Hearst empujó al teniente Tolben y se abalanzó sobre el cañón. Apenas apuntó solo lo dirigió hacia esa ciudad infestada de demonios acuáticos y apretó el gatillo del arma.

El Capitán Hearst, cada vez más enajenado
El Capitán Hearst, cada vez más enajenado

Y el obús voló hacia uno de los edificios más grandes y emblemáticos de Innsmouth.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s