La Redada (19) Semilla de Shoggoth

TÚNELES DE LOS CONTRABANDISTAS

Escuadra Abel

Teniente Eric Doud

Soldado Raso Cooley

Soldados Rasos Anzack y Witzneki (DESAPARECIDOS)

Cabo Leven (MUERTO)

Soldados de Primera White y Mason (MUERTOS)

Soldados Raso Barrow (MUERTO)

Escuadra Baker

Sargento “Dispara Primero” Smeltz           –            Bea

Cabo Kaye(MUERTO)                           –            Hernán

Cabo “Cenicero” Pollard (Lanzallamas)    –            Raúl

Cabo Wold (Lameculos del Teniente Doud)–            Sarita

Soldado Raso Pelkie (Mascota del grupo)   –            Soler

Soldado Raso Mayhew (MUERTO)               –            Garrido

Colin O’Bannon (Tahúr)                                –              Toño

Greg Pendergast (Fotorreportero)              –              Jacin

Supervivientes de la Escuadra Charlie

Soldados de Primera Chumeski (Thompson)        –         Garrido

Soldados Rasos Muzzarella (Fusil)               –            Hernán

Escuadra Dog (Muertos en Combate)

 

 

 

 

 

Aún a pesar de estar bajo tierra, el teniente Doud dirigió a los tres botes de supervivientes hacia la ubicación de la refinería Marsh. Palada tras palada, los soldados apreciaron que la estructura de los túeneles cambiaba conforme se internaban en las entrañas de Innsmouth. Se apreciaban rastros de construcción humana: El techo era de cemento liso aunque descuidado, había bastantes grietas por las que caían chorros o estelas de agua y El Cabo Wold informó de un viejo cableado que recorría la unión entre el techo y las paredes invadidas por los algas luminiscentes.

 

Y algo más… Varios de los miembros de la misión alertaron de una tira de limo verde fosforita que colgaba en medio del túnel. Tanto aviso, tanta precaución, tanto miedo superaron la paciencia del teniente Doud, cada vez más irritable y rabioso.

―¡Basta de historias absurdas! ―estalló―. Tenemos que centrarnos en la misión y dejar de pensar en fantasías. ¡No podemos estar deteniéndonos y avisando de cada chorrada que veamos!

―Pero, teniente… ―comenzó Greg Pendergast.

―¡Basta ya! ¡Están llenando la cabeza a mis soldados con sus cuentos de sirenas y piratas! ¡Tanto es así que han conseguido que Anzak y Witzneki desertaran para buscar tesoros!

Las barcas continuaron avanzando hasta quedar bajo la tira de limo.

―Tiene razón, teniente ―le animó el cabo Wold.

― ¡Veís! ―continuó el teniente envalentonado―. Esto de aquí no es más que un cable o una telaraña cubierta de estas malditas algas… o… o algo… o… algo con ojos…

La tira de limo tenía un ojo de tamaño humano mirando fijamente al teniente. En un parpadeo, varias decenas de ojos se formaron en la superficie grumosa que penduleaba sobre los soldados que, aterrados, sintieron la pegajosa mirada de esa cosa.

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Semilla de Shoggoht, ilustración de Henning Ludvigsen

El joven soldado Pealkie se dejó llevar por el terror, aulló histérico y se arrojó a las fangosas aguas del túnel huyendo del limo que se abrió ante los soldados, como una película de gelatina verde iridiscente, llena de ojillos, algunos humanos, otros negros, muertos, similares a los de un tiburón, otros trilobulados, rojos, azules, verdes… y en un chasquido la masa envolvió la cabeza del teniente Doud y lo alzó un metro del bote.

El teniente chillaba con voz ahogada, pataleaba, pero por encima de todos esos ruidos, escucharon el sonido de su carne fundiéndose. Se llevó las manos a la cara, a esa masa gelatinosa que se le estaba digiriendo el rostro y sus manos se abrasaron al hundirse en su viscosa textura.

―¡TENIENTEEEEEEEEEEE! ―aulló el cabo Wold mientras apuntaba con su Colt 45… no sabía a donde.

―¡No tengo tiro limpio! ―gritó el sargento Smeltz mientras le apuntaba con la metralleta Thommy.

Colin O’Bannon alzó un revólver del 38. Cerró un ojo mientras se mordía el labio inferior. Siguió el recorrido de la criatura hasta la grieta en el cemento de la que emergía. Y disparó.

La bala atravesó limpiamente a la monstruosa gelatina pero la cosa no soltó al teniente. El cabo Wold soltó su pistola, se lanzó sobre las piernas del teniente y tironeó de él para liberarlo, pero la criatura tenía a su víctima bien aferrada.

Los soldados Chumeski y Muzzarella imitaron a Colin. El primero alzó su metralleta Thompson y descargó una ráfaga de disparos sobre la grieta, consiguiendo que una docena de disparos atravesaran la gelatina… El segundo disparó con su fúsil.

Greg se unió al tiroteo con la ametralladora Browning M1917. La grieta de la que descendía el limo asesino, se cubrió de disparos que destrozaron el cemento… pero no al monstruo. La criatura, apolillada por los tiros, había perdido consistencia y fuerza, sí, y soltó al teniente que cayó sobre el bote, junto con Wold, pero aún culebreaba sobre ellos.

El cabo intentó reanimar al teniente Doud, pero estaba muerto. No sólo el ser gelatinoso le había devorado casi toda la cabeza, si no que un disparo perdido había impactado en la cabeza al superior, acabando con su sufrimiento y con su vida.

Smeltz saltó sobre el cabo Wold y el teniente Doud, les cubrió con su cuerpo al tiempo que gritaba:

―¡Cenicero!

―¿Quieres un poco de fuego, encanto? ―dijo “Cenicero” Pollard alzando su lanzallamas.

Una flamígera descarga iluminó el túnel y bañó en gasoil ardiente a la criatura, que se consumió pegada al techo, ante la vista de todos los aturdidos soldados.

Fiuuuuuuuuuuuuu

―¿¡Qué coño era eso!? ―gritaba Smeltz, refiriéndose a la criatura, buscando a sus asesores, Colin y a Greg―. ¿¡Qué coño era eso!?

―No tengo ni la menor idea, sargento ―reconoció un aturdido Greg.

―Teniente ―lloriqueaba el cabo Wold, abrazado al tumefacto cuerpo de Doud―. Oh, teniente, teniente, teniente, teniente…

Fiuuuuuuuuuuuuu

―¿Qué es eso? ―preguntó Chumeski.

―¿Wold, cómo está el teniente? ―inquirió el sargento Smeltz.

―Teniente, teniente, teniente…

―¡Cabo Wold!

―Ahora ya no sufre ―contestó Muzzarella, con cierta malicia.

Fiuuuuuuuuuuuuu

―Es que nadie más oye… ―comenzó Chumeski hasta que entendió lo que estaba oyendo―. ¡Joder! ¡BOMBAAAAAAAAAAAA!

El soldado Chumesky se arrojó a las aguas del túnel, buscando cubrirse del bombardeo que la refinería Marsh estaba sufriendo. Bombardeo efectuado por el enajenado capitán de fragata Hearst desde el guardacostas Urania.

¡¡PUUUUM!!

Una explosión enorme estalló sobre los investigadores. La fuerza de la onda expansiva sacudió los túneles que temblaron, retumbaron, el techo se quebró y comenzó a caer polvo y esquirlas de piedra antes de que varias toneladas de cemento se derrumbasen sobre sus cabezas.

No todos fueron tan rápidos cómo el soldado Chumesky.

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