Prólogo: El Sueño

—Vane…

Me llama…

Es una voz distante, oculta entre la densa niebla que me rodea.

Me llama.

Me adentro en esa nube densa, gris, una telaraña de vapores.

Hasta que le encuentro.

—Vane…

Es un hombre alto. Negro. No el marrón chocolate de los músicos de jazz. Ni el color café de las mulatas. Ni siquiera ese negro azulado de algunas tribus africanas.

Es el vacío. El negro más oscuro que he visto en una piel. El color negro que hay tras las estrellas.

Tiene grabada en su frente una cruz ansada, cabeza abajo, un ankh inverso. Arde. El símbolo arde. Alza sus manos ante mí. Sus manos negras, de uñas negras. En sus manos tiene otros grabados. En su palma izquierda está mi rostro. En la derecha una pirámide. Una pirámide asimétrica.

Aquel Que Me Llama junta las manos y comienzo a flotar. Me elevo. Por encima de la niebla que devora mi alrededor, estoy por encima de ella, por encima de todo. Levito. Vuelo. Me interno en las estrellas.

El espacio.

—Vane…

Contemplo planetas y lunas, galaxias y constelaciones…

Y veo adonde voy. Adonde me lleva.

Figuras monstruosas. Hay algo humano en esas criaturas, algo humano aún a pesar de sus garras, sus colmillos y sus miembros de animales. Están en círculo, alrededor de una esfera dorada de energía.

La adoran. Le adoran. Lo adoran.

El hombre negro y la esfera amarilla son la misma cosa. Aspectos diferentes de una misma entidad.

De un mismo dios.

—Vane…

La esfera me atrae a su interior. Entro. Me acepta y formo parte de él. 

Y veo cosas. Cosas a través de ojos que no son los míos.

Veo el vacío. Veo un triángulo que flota en el vacío. Una pirámide. Asimétrica. 

—Vane…

Miles de formas extrañas emergen por doquier. El triángulo me llama.

—Y conviértete en un dios… Conmigo.

Roger Vane Worthington Carlyle se revolvió en el diván. El Doctor Huston, su psiquiatra alzó la vista por encima de sus notas y se aclaró la garganta.

—¿Y cómo… cómo se convertirá en un dios, Roger?

—Ese es el verdadero objetivo de mi gran proyecto, Doctor Huston —contestó Roger Carlyle luciendo una amplia sonrisa—. Ese es el objetivo de la expedición. Mi expedición. La Expedición Carlyle.

 

Nyarlathotep
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