MdN: New York (25) Confianza Ciega

Madame Loconnelle (Buscavidas y Adivina)                                  –             Hernán

 

Jonah Kensington estaba sentado en un apartado de la cafetería Central Perk, justo donde Los Finns se habían reunido unos días antes. Por eso Greg había decidido quedar en ese lugar, muy transitado, tranquilo y poco llamativo.

jonas-kensington

Jonah estaba tenso como una estaca. Era un hombre que aún no había alcanzado los cincuenta, pero aún así su cerrada barba y su leonada cabellera lucían un ejército de canas. Miraba por encima del hombro a cada persona que entraba en el establecimiento, esperando ver la descripción que Greg Pendergast le había dado: Pelirroja. Turbante. Gafas de Sol. Gabardina verde pistacho.

Los minutos pasaban, mientras el té que había pedido se enfriaba al lado de la carpeta que guardaba las notas de Jackson Elias… Todas menos una. Una pequeña hoja dieciséis veces doblada, en la que Jackson había escrito a mano un maremagnun de alocadas y demenciales notas. Tras ojear ese último apunte, Jonah había pensado que Jackson estaba perdiendo el norte, que su continua búsqueda de la verdad insondable de los misterios de la humanidad lo había conducido al delirio. De hecho, Jonah Kensington había decidido convencer a Jackson para que se tomase unas semanas de descanso en un pequeño sanatorio mental… hasta que llamó Greg.

Ahora estaba seguro de que debía publicar la historia de la Expedición Carlyle, y más allá: La historia que había acabado con la vida de Jackson Elias. Y confiaba en la acerada pluma de Greg Pendergast para hacerlo…

Pero no confiaba lo más mínimo en la despampanante mujer que le contemplaba tras unas enormes gafas de sol desde el borde de la mesa.

—Vengo a por lo que quiere Greg —dijo la mujer en un susurro y se sentó en frente de Jonah, ocultando medio rostro con su gabardina.

Jonah no tenía muy claro por qué hacia eso. Llamaba más la atención, intentando no llamarla, que comportándose de una forma más… casual.

—¿Quién es usted? —preguntó Jonah, preocupado por si la mujer se había equivocado y, en parte, esperando a que todo ese numerito de la espía se debiera a los nervios de la dama, quizá tan afectados como los suyos por todo lo ocurrido.

—Una amiga de Greg—. Bueno, al menos los datos comenzaban a confirmarse. Greg le había dicho específicamente que cualquier miembro de los Finns era alguien en quien confiar ciegamente y eso pensaba hacer Jonah Kensington, aunque fuera alguien tan estrafalario.

—Greg me dijo que solo podía confiar en unos amigos muy especiales suyos… —comenzó Jonah.

La mujer le miró en silencio durante unos cuantos y largos segundos.

—Greg dice muchas tonterías —soltó a bote pronto la pelirroja—. Entiéndalo, Greg está muy grave. Se muere. Casi ha perdido los brazos. No tiene casi sangre. Nunca tuvo mucho la verdad. Y tiene fiebre. Está drogado. Dice sandeces. Muchas. ¿Ha leído su libro? Un espanto, ¿verdad?

—Ya pero me dijo que sólo podía confiar en esos amigos muy especiales suyos que…

—Maldito Greg, nunca le habla de mi a nadie —comenzó a lamentar la dama—. Lo hace desde que éramos pequeños, ¿sabe? Ambos somos de Arkham, vivíamos en el mismo barrio, casi puerta con puerta, e íbamos al mismo colegio y, lo mismo esta declaración le hace tener una visión tergiversada sobre mí, pero ¿qué se le va hacer? Para hacerle un resumen, YO era la novia de todo el mundo por allí, ¿vale? Bueno de todo el mundo no, Cillian era mi hermano, ¡maldita sea! Y Angus, era muy mono, sí, pero, no se, siempre tuvimos gustos similares. ¿Me entiende? A lo que iba es que YO creo que Greg estaba más interesado en Annie, y que por eso nunca quiso darse el lote conmigo… Siempre se mostraba tan arisco… Como Annie ahora que lo pienso. Bueno, Annie conmigo no es arisca, lo es con todo el resto del mundo, eso sí, pero porque es su forma de defenderse, es su escudo. Es muy introvertida y…

—Yo… eh… Se… Señorita… ¿Cómo ha dicho que se llama?

—Jacobina. Thomasa. Gregoria. ¡Bah! Qué más da. No le voy a dar mi nombre real, caballero. ¿Quién se ha creído que soy? ¿Esa carpeta es lo que Greg quiere?

—Sí. No. Pero… No se… Verá…

—Deslícela lentamente hacia mi… Pero no me la entregue directamente. Los asesinos de Jackson Elias podrían saber que me ha dado información valiosa y luego querer destriparlo.

—Yo. ¿Qué QUÉ?

—¿Me da la carpeta?

—Yo… espere. Hay algo que Greg me dijo que… Me dijo que podía confiar en usted, bueno porque conoce a Greg y…

—Le dijo que podía confiar en mí porque soy una Finn, ¿no es cierto?

Jonah Kensington respiró aliviado.

—¡Eso! Eso es justo lo que…

Patry no le dio tiempo a terminar la frase, agarró la carpeta de la mesa, se levantó y se encaminó a paso raudo hacia la salida, tras dedicarle una lapidaria frase de despedida:

—Pues confía, pringao.

Jonah Kensington la contempló salir del local, camelarse a un trajeado caballero para robarle el taxi y perderse en el denso tráfico de Nueva York.

Imborrable, increíble, impetuosa…

E imbécil.

Jonah sacó el papel con los dieciséis dobleces donde estaban las últimas notas de Jackson Elias… unas notas delicadas, unas notas que no podía confiar a una individua tan peculiar… no. Si volvía a ver o a hablar con Greg le informaría que aún tenía algo más de información sobre Jackson, pero Jonah Kensington no iba a ser tan pringao como para confiar a ciegas en aquella preciosa pelirroja.

Aunque estaba seguro que el rubio la favorecería mucho más.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s