MdN: New York (9) Mucho Investigar, Poca Diversión

Madame Loconnelle (Buscavidas y Adivina)                                  –             Hernán
Colin O’Bannon (Agente Federal)                                                    –              Toño
Liam McMurdo (Mecánico de Día, Conductor de Noche)           –              Soler
Jacob O’Neil (Detective Privado y Alcohólico)                               –              Raúl
Thomas Connery (Infante de Marina Retirado)                             –              Bea
Greg Pendergast (Escritor Difamado)                                              –              Jacin
Annie O’Carolan (Cazadora de Libros)                                             –              Sarita

 

Greg Pendergast
Greg ha investigado mucho sobre la Expedición Carlyle

—… y hubo una desaparición más —continuó Greg Pendergast mientras enseñaba viejos recortes de periódicos sobre la Expedición Carlyle—. Warren Bessart, el agente de antigüedades de Roger Carlyle que estuvo con ellos en el Cairo, pero que nunca llegó a ir al safari en África.

—¿En el Cairo es cuando Carlyle sufre una insolación y deja la expedición en manos de Sir Aubrey Penhew y su guardaespaldas? —preguntó Colin O’Bannon que tomaba notas en una pequeña libreta.

—Exacto —afirmó Annie O’Carolan que disponía de otra carpeta con múltiples recortes de periódico.

La tarde se les había echado encima. Comieron en la cafetería. Platos con restos de sándwiches, alubias frías, salchichas y huevos fritos reposaban en la mesa entre los periódicos viejos. Thomas Connery  y Madame Loconnelle prestaban atención al despliegue de noticias que Greg y Annie habían realizado en su investigación inicial. Jacob parecía que había dado un par de cabezadas durante la explicación. Liam se aburría, inquieto, como aquel niño que espera ansioso a la hora del recreo.

—Por lo visto, Jackson Elias, colega, escritor, investigador de sectas y cultos sanguinarios y amigo, estaba indagando sobre esta expedición —concluyó Greg.

—Creo que todos vemos por donde iban las pesquisas de Jackson —continuó Annie O’Carolan—. Si no hay cadáver, no hay muerto.

—Seamos objetivos —pidió Colin O’Bannon—. No sabemos lo que investiga vuestro amigo, hasta que no nos lo diga.

—Como quieras —siseó Annie.

—¿Qué tiene que ver esto con nosotros… o con lo que pasó en… Innsmouth? —preguntó Madame Loconnelle casi con un susurro.

—No pasó nada en Innsmouth —sentenció Colin. Un par de miradas le fulminaron.

—No lo sé —contestó Greg—, Jackson se puso en contacto conmigo y con Annie. Nos pidió un equipo de investigadores.

—Un equipo fiable —afirmó Annie dándole una patadita por debajo de la mesa a Jacob para que prestase atención.

—Pidió a los Finns. Así que… lanzo la siguiente afirmación, sólo como hipótesis: Creo que lo que ocasionó el brusco final de la Expedición Carlyle, o lo que esta buscaban en África, tiene algo que ver con los Mitos de Cthulhu.

Colin resopló escéptico.

—Necesito una copa —se quejó Jacob.

—¿Jackson Elias nos va a pagar por esto? —preguntó Madame Loconnelle.

—No lo se. El quince de Enero, cuando llegué, tendremos más información.

—¡Pues mientras tanto vámonos de juerga! —propuso Liam frotándose las manos.

—Vamos a ver, os hemos reunido para investigar, no para irnos de copas —gruño Annie al tiempo que miraba a  Colin—, que por cierto, es un delito. Ni para pasarnos las horas recordando nuestra adolescencia… cargada de delitos.

—Annie tiene razón —apuntilló Greg.

Liam cayó desinflado sobre la silla y Jacob continuó con la mirada perdida en su insulso refresco.

—Sí que la tiene… como siempre… —comentó Colin con sorna—. Pero se me ocurre una idea. Algo para que Liam y Jacob se despejen y quizá obtengamos algo de información extra sobre Roger Carlyle.

—¿En qué estas pensando?

—¿Conocéis el Club 300?

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Prólogo: El Sueño

—Vane…

Me llama…

Es una voz distante, oculta entre la densa niebla que me rodea.

Me llama.

Me adentro en esa nube densa, gris, una telaraña de vapores.

Hasta que le encuentro.

—Vane…

Es un hombre alto. Negro. No el marrón chocolate de los músicos de jazz. Ni el color café de las mulatas. Ni siquiera ese negro azulado de algunas tribus africanas.

Es el vacío. El negro más oscuro que he visto en una piel. El color negro que hay tras las estrellas.

Tiene grabada en su frente una cruz ansada, cabeza abajo, un ankh inverso. Arde. El símbolo arde. Alza sus manos ante mí. Sus manos negras, de uñas negras. En sus manos tiene otros grabados. En su palma izquierda está mi rostro. En la derecha una pirámide. Una pirámide asimétrica.

Aquel Que Me Llama junta las manos y comienzo a flotar. Me elevo. Por encima de la niebla que devora mi alrededor, estoy por encima de ella, por encima de todo. Levito. Vuelo. Me interno en las estrellas.

El espacio.

—Vane…

Contemplo planetas y lunas, galaxias y constelaciones…

Y veo adonde voy. Adonde me lleva.

Figuras monstruosas. Hay algo humano en esas criaturas, algo humano aún a pesar de sus garras, sus colmillos y sus miembros de animales. Están en círculo, alrededor de una esfera dorada de energía.

La adoran. Le adoran. Lo adoran.

El hombre negro y la esfera amarilla son la misma cosa. Aspectos diferentes de una misma entidad.

De un mismo dios.

—Vane…

La esfera me atrae a su interior. Entro. Me acepta y formo parte de él. 

Y veo cosas. Cosas a través de ojos que no son los míos.

Veo el vacío. Veo un triángulo que flota en el vacío. Una pirámide. Asimétrica. 

—Vane…

Miles de formas extrañas emergen por doquier. El triángulo me llama.

—Y conviértete en un dios… Conmigo.

Roger Vane Worthington Carlyle se revolvió en el diván. El Doctor Huston, su psiquiatra alzó la vista por encima de sus notas y se aclaró la garganta.

—¿Y cómo… cómo se convertirá en un dios, Roger?

—Ese es el verdadero objetivo de mi gran proyecto, Doctor Huston —contestó Roger Carlyle luciendo una amplia sonrisa—. Ese es el objetivo de la expedición. Mi expedición. La Expedición Carlyle.

 

Nyarlathotep
Comienzan las Máscaras de Nyarlathotep