La Redada (5) Menos cuatro horas… y contando

Patry O’Connel (Buscavidas)                      –             Hernán

Colin O’Bannon (Jugador)                           –              Toño

Liam McMurdo (Conductor)                         –              Soler

Jacob O’Neil (Sargento de Policía)              –              Raúl

Thomas Connery (Infante de Marina)          –              Bea

Greg Pendergast (Fotorreportero)              –              Jacin

Annie O’Carolan (Cazadora de Libros)        –              Sarita

Angus Lancaster (Arquitecto)                      –              Garrido

Lucas Mackey llevó a los Finns a una sala aparte donde comenzaron a hablar y a discutir… tardaron menos de media hora en volver con los miembros del Proyecto Alianza.

—¿Ya han decidido las misiones de las que formaran parte? —preguntó el imponente Coronel Rothler.

—En efecto —contestó Angus Lancaster—, en la Misión Uno, para el asalto a la Orden Esotérica de Dagon, iremos Liam McMurdo y yo.

El Capitán Corso se levantó inmediatamente y se acercó hasta para saludarle. Liam frunció el cejo al notar la nerviosa mirada del capitán de marines sobre las cicatrices de sus quemaduras, pero le devolvió el saludo.

—En la Misión Dos, en el allanamiento de la Mansión Marsh, contarán con Patry O’Connell.

Lucas Mackey le dedicó una simpática sonrisa a Patry, que se la devolvió con picardia. El doctor hindú, Ravana Najar inclinó humildemente la cabeza en dirección a la buscavidas. J. Edgar Hoover ni se inmutó.

—Para la Misión Tres, la exploración por los Túneles de los Contrabandistas, tendrán la cooperación de Greg Pendergast y Colin O’Bannon.

El Teniente Doud, alzó con desagrado el labio para mostrar uno de sus colmillos. No estaba nada contento con los ACEs que le habían asignado. Greg y Colin tampoco parecían muy felices.

—Para la Misión Cuatro, la defensa del litoral cercano al Arrecife del Diablo, tendrán al infante de marina, Thomas Connery y al Sargento Jacob O’Neal.

Thomas y Jacob saludaron marcialmente al Capitán Hearst, que alzó una ceja. No estaba contento, ni mucho menos, pero parecía que los Finns que iban a estar en su barco no le eran del todo desagradables.

—Y por último, en el submarino S19, irá Annie O’Carolan.

El Coronel Rothler asintió con la cabeza en dirección a Annie pero antes de que retomase el mando de la conversación, Annie pidió permiso para hablar.

—¿Cuándo tendrá lugar la redada?

Rothler sacó de su bolsillo un caro reloj de oro.

—En menos de cuatro horas —espetó—. Les sugiero que se pongan al día… y se despidan. Puede que no vuelvan a verse.

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